Encontraron a María, a José y al Niño
Por Eugenio LIRA RUGARCIA
MATAMOROS, TAMS.- ¡Feliz
año nuevo! Feliz porque lo comenzamos con la gran noticia que nos da san Pablo:
¡Somos hijos de Dios! Por eso, ante las incertidumbres que nos saludan a las
puertas de este 2017, caminamos con la confianza de sabernos infinita e
incondicionalmente amados por nuestro Padre, que nos bendice haciendo
resplandecer su rostro sobre nosotros en Jesucristo, nacido de la Virgen María
para liberarnos del pecado, darnos su Espíritu y hacernos hijos suyos,
¡partícipes de su vida por siempre feliz!
De ahí que, al empezar el año, al igual que los pastores en Belén
–como dice san Beda–, corremos a encontrarnos con Jesús, a quien su Madre nos
muestra con amor. Si como ella –a quien hoy celebramos como Madre de Dios–,
guardamos la Palabra divina y la meditamos en el corazón, quedaremos de tal
manera maravillados que volveremos a casa y a nuestros ambientes alabando a
Dios y comunicando su paz.
Pero, ¿es posible hacerlo en una época de tanta violencia verbal,
física, sexual, emocional, moral, espiritual y patrimonial? ¿Cómo hacerlo
cuando en casa hay pleitos y violencia entre esposos, papás, hijos, hermanos,
suegras, nueras y cuñadas; cuando entre novios se tratan con malas palabras,
hay insultos y hasta golpes, y en la escuela y el trabajo está de moda el bullying?
¿Es posible llevar paz a un mundo plagado de injusticia, conflictos, inequidad,
pobreza, guerras, terrorismo, criminalidad, corrupción, secuestros, trata de
personas, daños al medioambiente y muerte?
En su Mensaje para la Jornada Mundial de este primero de enero, el
Papa nos recuerda que Jesús, a quien también le tocó vivir en tiempos de
violencia, nos hace ver que es en el corazón de cada uno de donde “salen los
pensamientos perversos” (Mc 7,21). Por eso debemos educarnos en la no
violencia, aprovechando “la oportunidad de una palabra amable, de una sonrisa,
de cualquier pequeño gesto que siembre paz y amistad”.
¿Nos parece poco? Veamos a Jesús recostado en un pobre y sucio
pesebre; ahí, en esa simpleza comenzó el proceso de transformación del
universo. Así son las cosas grandes; empiezan por otras muy pequeñas que se van
desarrollando. Conscientes de esto, ¡hagamos nuestra parte y echémosle ganas!
Así, con la bendición de Dios, haremos de 2017 un feliz año para nosotros, para
nuestra familia y para todos.
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