Por Profa. Gloria GARCIA ROJAS
El Papel del Criollo en la Clase Media
CHOLULA. – Para los criollos la vida social de la Nueva España, se convierte
en opaca, gris y opresiva, al finalizar el siglo XVI se había configurado el
cuadro social y político de lo que iba a ser la sociedad del siglo XIX. Es
decir, había aparecido ya el nuevo tipo psico-social.
La sociedad opresora había liquidado la grandeza del
caballero criollo y había empezado a lo largo del siglo XVI termino por
aniquilar el cuadro de valores del hijodalgo. Su dependencia absoluta del
virrey, de la inquisición, dl funcionario público y dl agiotista, hizo del
criollo al estilo del español de la decadencia. El señor feudal, con tal de
participar en un torneo, en una cabalgata, o en mantener las apariencias del
hidalgo recurría a los prestamistas.
El juego, los sardos, las grandes comidas, lo conducían
a la ruina sin que él se esforzara por evitarla dedicándose al trabajo. La
convicción de que los bienes en América se deshacían “como el humo y la sal en
el agua”, revela la concepción de un fatalismo ciego y paralizante.
Al criollo empobrecido se le reservaban los puestos
inferiores del escalafón burocrático, debía practicar la pretensión y luchar a
brazo partido contra solicitantes más hábiles a fin de obtener los
corregimientos y las alcaldías más peor retribuidas, los cargos en las pequeñas
aldeas o en las regiones insalubres.
Su situación dentro del clero o de las órdenes
monásticas no le ofrecían mayores perspectivas. En el siglo XVI, con motivo de
las elecciones de prelados, frailes criollos y frailes españoles emprendían verdaderos
combates. Las autoridades a fin de evitar a la ciudad, el poco edificante
espectáculo de que sus guías espirituales se mataran entre sí, intervinieron
repetidas ocasiones con lujo de fuerza.
Las leyes de alternativa dictadas por Felipe II, para
normar las elecciones en los conventos no bastaron para impedir que los frailes
españoles hicieran sentir en l mayoría de los casos su absoluto predominio
sobre los criollos.
La lucha por sobrevivir, esa lucha activa y sorda que se
desarrollaba en las antesalas gubernamentales donde se autorizaban las armas
más inmorales. El abuso del servilismo y de la adulación, el empleo de la
trampa y el cohecho, la atmosfera de odios y venenos, intrigas de la
administración colonial, le crearon una psicología de cesante altivo.
Así todo, vivía del milagro, del favoritismo, del buen
humor del gobernante en turno, y la inseguridad de su vida, el pisar en terreno
falso, el continuo regateo de los a los que creía tener derecho, terminaron
haciéndolo indiferente y resentido.
¿Qué opina usted, mi estimado lector?
Pensamiento: Toda la humanidad busca la verdad, la
justicia y la belleza. Gibrán Jalil Bibrán.

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