CHOLULA.- Nívea será; nívea serán la
vestidura celestial, nos dará Jehová, nuestro señor, donde luz del sol no
habrá, pues sublime brillará, la sonriente faz del salvador Níveo vestido de
luz, sublime don celestial, para los hombres y mujeres la muerte no es el fin;
somos peregrinos transitamos en medio de sufrimientos y dolor. ¡Hay vida
después de la muerte. ¡Todos deseamos saber que hay que nos espera! San Pablo
vio de frente, preguntó ¿Dónde está oh muerte, tu aguijón? ¿Dónde oh sepulcro,
tu victoria? Ya que el aguijón de la muerte es el pecado, y el poder del pecado
la ley. Más gracias sean dadas a Dios, que nos da la victoria por medio de
nuestro Señor Jesucristo, I. CO. 55-56-57. Hombres y mujeres tan oído que Dios
ha preparado un lugar en el cielo para cada uno de nosotros, -el ser humano
sufre en su interior, hay temor, hay miedo a enfrentar la muerte-.
Dios nos da
esperanzas es la siguiente: En la casa de mi padre, muchas moradas hay; si así
no fuera, yo os lo hubiera dicho; voy pues, a preparar lugar para vosotros. Y
si me fuere y os prepare lugar vendré otra vez, y os tomaré a mí mismo, para
que donde yo estoy, vosotros también estéis, Jn. 14 2-3. Aquel lugar es lo
mejor que cualquiera cosa aquí en la tierra, porque de ambas cosas estoy puesto
en estrecho, teniendo deseo de partir y estar con Cristo, lo cual es muchísimo
mejor, Fil. 1-23. La gloriosa esperanza en el hogar por la eternidad en el
cielo, Cristo antes de morir habló a sus discípulos de un lugar para sus hijos,
los que han partido de este mundo para estar presentes al Señor, en el hogar
celestial. Pero confiamos, y más quisiéramos estar ausentes del cuerpo, y
presentes al señor, 2. Co. 5-8.
El hogar en el cielo será permanente por toda
la eternidad. Luego nosotros los que vivimos los que hayamos quedado, seremos
arrebatados juntamente con ellos en las nubes para recibir al Señor en el aire,
y así estaremos siempre con el señor. I. Ts. 4-17. Aquí en la tierra hay
aflicciones, enfermedades, escases, dolor, y llanto, disgustos, tal parece todo
es horrible reinando la infelicidad y la ruina en la vida del ser humano,
-aquellos que no han nacido en la vida espiritual-.
Todo tiene su encanto en la
vida hay hermosura las grandes montañas que observamos a nuestro alrededor, la
naturaleza es hermosa, del apacible cielo estrellado al contemplarlo en la
noche, la luz de la luna en los campos y ciudades, la hermosura de colores, de
las flores perfumadas, los árboles frondosos meciéndose con el apacible viento
de día y noche, las nubes derramando gotas de agua dando vida a la tierra todo
es hermoso. El cielo un hogar donde reina la felicidad, no hay pecado, no hay
tristeza, no hay dolor, no hay enfermedad, no hay sufrimiento, nunca más habrá
muerte, ni habrá más llanto, ni clamor, ni dolor, porque las primeras cosas
pasaron, Ap. 21-41.
Cuando el estado emocional es bueno saldrá de la boca y
labios cánticos, todos cantamos, canciones y música en el cielo “Un cántico
nuevo”, en el cielo. Y cantaban un nuevo cántico, diciendo: Digno eres de tomar
el libro y de abrir sus sellos, porque tú fuiste inmolado, y con tu sangre nos
has redimido para Dios, de todo linaje y lengua y pueblo y nación, Ap. 5-9.
Millones y millones las grandes multitudes aclamando pronunciando “Aleluya”,
porque el señor nuestro Dios todopoderoso reina, Ap. 9-6. Los profetas, los
apóstoles, los hombres y mujeres que sirven a Dios, nuestros familiares, amigos
y amistades, reconociendo los rostros de todos ellos.
Hacia Dios se volverán
todos los corazones y las miradas, al contemplar al Rey en su hermosura, y
verlo cara a cara, y verán sus rostro y su nombre estará en sus frentes, Ap.
22-4. Algunas veces hemos estado en medio de una multitud en un acto público
para ver al dignatario, deseando que reste personaje se percatará de nuestra
presencia, en el cielo habrá millones y millones de cristianos, Jesús nos
conocerá personalmente a cada uno de nosotros, y nosotros habremos de
conocerle.
Ahora vemos por espejo oscuramente; más entonces veremos habremos de
conocerle, ahora vemos por espejo oscuramente; más entonces veremos cara a
cara, ahora conozco en parte, pero entonces conoceré como fui conocido, I. Co.
13-12.
El pecado será exterminado para siempre, un nuevo hogar, nuevos cuerpos
en el lugar de inmortalidad para el nuevo hombre, porque es necesario que esto
corruptible se vista de incorrupción, y esto mortal se haya vestido de
inmortalidad, entonces se cumplirá la palabra que está escrita; Sorbida es la
muerte en victoria, ¿Dónde está, oh muerte, tu aguijón? ¿Dónde o sepulcro, tu
victoria? I. CO. 15-33-54-55.
Estaremos preparados para “ir al hogar” Níveas
ropas sin igual, de los santos noble ideal, llevaremos ante el Rey.

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