Teólogo
Primera
Parte
CHOLULA.- Que Dios viene a reinar
significa que Dios no se resigna al fracaso de la humanidad y ni siquiera a que
se mueva siempre entre el más o menos. Pero esto no tenemos que entenderlo en
el sentido de que él mismo quiere tomar el comando de la historia para
conducirla hacia la plenitud. Dios no quiere destronar al ser humano porque
sabe que es menos humana una plenitud que no tiene por autor a la propia
humanidad que una humanidad más o menos,
conseguida por ella misma. Por eso mismo que Dios viene a reinar no puede ser
tampoco que una institución o un pueblo reinen sobre los demás en su nombre,
imponiéndose sobre ellos, aun en el caso de que su reino fuera justísimo. No es
humana una situación que no tenga por autores a todos sino sólo a los selectos.
Que Dios quiere reinar significa que quiere entrar efectivamente en nuestra
historia de manera que la historia sea ya no sólo una historia humana sino la
historia de la humanidad con Dios.
Ahora bien,
Dios sabe que si entra él como Dios a la historia humana, ésta se desbalancea:
la desigualdad de la relación empequeñece demasiado al socio humano. Por eso
Dios decide estar con nosotros pero humanamente. Jesús de Nazaret es ese hombre
venido de Dios para establecer por su medio la soberanía de Dios sobre la
historia. Jesús no es como un centauro: mitad ser humano y mitad Dios. Jesús es
un ser humano como nosotros que viene de Dios, que es su enviado, que ha sido
configurado por su Espíritu, que vive desde siempre progresivamente su vida
como recibida de Dios y entregada a él, que es por eso propiamente su Hijo.
Jesús es un ser humano en el que reina Dios. Pero no reina deslumbrándolo,
entusiasmándolo, ni transformándolo por arte de magia en un ser omnisciente y
todopoderoso. Por el contrario, Dios le da toda la libertad a Jesús, no le
invade, lo respeta. Jesús será así un campesino galileo del siglo I. Pobre y
con un horizonte estrecho como los demás. Un ser de necesidades probado en
todo. Pero un ser que desde su pobreza confía absolutamente en Dios, tanto que
también él le deja a Dios ser completamente libre respecto de su vida y de su
destino. Él no es Hijo de Dios porque puede convertir las piedras en panes.
Para Jesús ése es el concepto de Hijo de Dios que tiene el que no conoce a Dios
y lo imagina como proyección suya. Él es Hijo de Dios porque se atreve a vivir
de su palabra y porque en efecto esa fe le da vida. Por eso no le pide a su
Padre señales de que está de verdad con él. Y desde esa confianza alcanza la
libertad para vivir una vida completamente humana.
Como tiene
el corazón como el de su Padre, cuando Juan sale a predicar al pueblo el
bautismo de penitencia para que se prepare para la venida de Dios, él va a
recibirlo y pide perdón con todo su ser porque ha ensanchado el corazón hasta
llevar en él al pueblo cargando con sus pecados. Cuando ese pobre campesino se
ha hecho hermano de todos, se abre el
cielo y Dios lo proclama su Hijo elegido para la misión de instaurar el Reino.
El Hijo de Dios es el hombre solidario, el Hermano universal. El Reino será el
mundo fraterno de los hijos de Dios. Jesús se va haciendo hermano acogiendo a
los pecadores excluidos; proclamando a los pobres que no sólo no son pobres
porque Dios los castigó sino que ellos son sus predilectos y que él quiere
reinar en ellos; curando a los enfermos y restituyendo al señorío de sí a los
poseídos por espíritus dañinos. Se va haciendo hermano comunicándoles los
secretos del Reino para que la gente lo desee y se ponga en camino hacia él.
Y, en
efecto, tanto en su acogida de los excluidos como en sus curaciones y
exorcismos y en su palabra con autoridad el pueblo reconoce alegre, maravillado
y sobrecogido que Dios se hace presente en él. Y lo sigue. Jesús se había
encontrado una masa abrumada y abatida, como ovejas sin pastor, y con su
ministerio fue instaurando un movimiento de reunión.
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