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Dios reina en la historia humanamente por Jesús

Written By Unknown on miércoles, 20 de marzo de 2013 | 12:25

Por Andrés ZACA NAYOTL

Teólogo

Segunda Parte

CHOLULA.-Por supuesto que hubo malentendidos. Los dos más obvios consistieron en entender a Jesús como el rey que Dios envía a Israel para acabar con los invasores romanos y con los judíos colaboracionistas e instaurar el reino de los santos de Dios como un imperio universal y sin término; y en comprender el tiempo que abría Jesús como una edad de oro de abundancia caída del cielo que hiciera innecesario el trabajo y acabara para siempre con tanta penuria. Para deshacer los malentendidos Jesús se dedicó sistemáticamente a desencantar a las masas insistiendo que Dios no reina ni por el poder que vence sobre los enemigos ni por la riqueza en la que descansar la vida. Dios viene a entregarse personalmente y lo que pide es una entrega personal que exige una conversión de mente, de corazón, de relaciones, un cambio completo de dirección vital. El propio Jesús es el modelo de esa existencia de hijos de Dios y de hermanos, y el que, adelantándose con su relación, nos la posibilita. Así pues él no convoca ni al éxito portentoso ni a la abundancia paradisíaca sino a confiar en Dios como verdaderos hijos suyos y a hacerse prójimos del necesitado. El evangelio de Juan dice que al presentar tan claramente su propuesta muchos discípulos se echaron atrás. Pero tanto él como los otros evangelistas insisten en que el pueblo le fue fiel hasta el día de su ejecución cuando una gran multitud lo acompañó compungida.

Pero quienes tenían el poder religioso, económico y político no se convirtieron a su propuesta, y ellos arrastraron a muchos que dependían de ellos, como los trabajadores del templo, que azuzados por sus jefes pidieron al procurador romano la muerte de Jesús. Así al acercarse en Jesús Dios para reinar, se hizo patente que cuando la religión (sobre todo la verdadera) se absolutiza como mediadora de Dios, se convierte en el antirreino, ya que no sólo no se convierte al mediador sino que obra en contra de él y de su camino hasta acabar con él. Lo mismo pasa con el poder político y económico que se absolutizan: tienen que acabar con el que trae la propuesta de construir el mundo fraterno de los hijos de Dios. Sin embargo Jesús no muere como una víctima: él sufre su muerte y su fracaso, pero frente al rechazo mantiene su propuesta y así la consuma. Al morir rogando por sus asesinos, se consuma como Hermano y como Hijo, hace ver que la confianza en Dios y la solidaridad son para él más fuertes que los poderes que lo están matando. Dios no intervino para salvar a su Hijo de manos de sus enemigos. Eso hubiera equivalido a condenar a la humanidad a su ausencia eterna. Dios no intervino porque estaba aceptando la petición de perdón de Jesús y por tanto también él se consumaba como nuestro Dios y nuestro Padre.

Al resucitar a Jesús, Dios comenzó su reino en él. Dios había reinado sin ninguna restricción en la vida de Jesús. El resultado de esta soberanía de Dios es un ser humano que vive como ser humano la vida de Dios. ¿Cómo es un cuerpo humano que vive el modo de existir de Dios? Esa es la plenitud que Dios dio a Jesús, el que al hacerse hermano nuestro pasó de Hijo único de Dios a primogénito de la humanidad que vive en la esperanza de la gloria de los hijos de Dios. Como Jesús es cuerpo, en él está ya trasfigurada la tierra de la que forma parte. Así pues, Jesús glorificado es las primicias de la transfiguración de toda la creación. Ése es el significado pleno de Reino de Dios. Los evangelistas lo llaman la vida eterna y lo simbolizan en el banquete de bodas: la alianza eterna de Dios con la humanidad en su Hijo Jesús de Nazaret.
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