CHOLULA.- Por mi sufrió el salvador, ¡Gloria, gloria a mi
Jesús! Load conmigo al redentor, ¡Gloria, gloria a mí Jesús! ¡Jesús, Jesús el
salvador! Es dulce el nombre de Jesús, el me rodea con santo amor, ¡Gloria, gloria a mi Jesús! Y en
la cruz, me rescató, ¡Gloria, gloria mi Jesús! ¿Cómo podemos ir con Cristo? Es
la pregunta cuando convencidos del pecado ¿Qué debemos hacer? El apóstol Pedro
contesta: “Arrepentíos” en otra ocasión dijo, así que arrepentíos y convertíos
para que sean borrados vuestros pecados para que vengan de la presencia del
señor tiempos de refrigerio, Hch. 3-19.
El
arrepentimiento comprende tristeza por el pecado y abandono del mismo, si no lo
repudiamos de corazón, no habrá un cambio en la vida, algunos no lo entienden y
se entristecen por haber pecado, refrenándose, esto puede traer sufrimiento, la
mentar el dolor más bien que el pecado, Esaú cuando perdió su primogenitura
para siempre, Balam aterrorizado por el ángel que estaba en su camino con la
espada desenvainada, reconoció su culpa porque temía perder su vida, no
experimentó sincero arrepentimiento del pecado, no cambió de propósito ni
aborreció el mal, Judas Iscariote, después de traicionar al señor dijo: He
pecado porque he entregado sangre inocente, su confesión de su alma culpable
por un sentimiento de condenación y juicio las consecuencias cosechadas son de
terror expresando quebrantamiento de su corazón y dolor del alma por la
traición siendo su pecado, pero desafió al cielo, tan pronto pasaban las plagas
estos lamentaban los resultados del pecado, sin experimentar pesar por el
pecado mismo, y yo endureceré del faraón y multiplicaré en la tierra de Egipto
mi señales y mis maravillas, Ex. 73-3.
Cuando el
corazón cede a la influencia del espíritu de Dios el pecador discierne d la
profundidad y santidad de la ley de Dios, fundamento del gobierno en el cielo y
en la tierra, la luz que alumbra llega el hombre que vive e n este mundo,
ilumina lo secreto del alma revelando cosas ocultas, la convicción se posesiona
de la mente, del corazón, el pecador requiere la justicia del señor, sintiendo
terror de aparecer en impurezas de quien
escudriña los corazones, va el amor de dios.
El rey David
después de su caída enfrenta la naturaleza del dolor del pecado, su
arrepentimiento fue sincero, profundo, se esforzó en la oración del perdón y
escapar del juicio que lo amenazaba, aborreció su pecado, pidió perdón, su
corazón se purificó anhelando el gozo y santidad, restaurado en armonía y
comunión con Dios, “es el lenguaje del alma”, bienaventurado aquel cuya
transgresión ha sido perdonada, y cubierto su pecado, bienaventurado el hombre
a quien Jehová no culpa de iniquidad, y cuyo espíritu no hay engaño, mientras
callé, se envejecieron mis huesos, en mi gemir todo el día. Porque de día y de
noche se agravó sobre mí tu mano, se volvió mi verdor en sequedades de verano.
Mi pecado te declaré y no encubrí mi iniquidad, dije: Confesaré mis
transgresiones a Jehová, y tú perdonaste la maldad de mi pecado, por esto orará
a tui todo santo en el tiempo en que puedas ser hallado, ciertamente en la
inundación de muchas aguas no llegarán estas a él, tú eres mi refugio; me
guardarás de la angustia, con cánticos de liberación me rodearas, te haré
entender y te enseñaré el camino en que andar; sobre ti fijaré mis ojos.
No seáis
como el caballo, o como el mulo, sin entendimiento, que han de ser sujetados
con cabresteo y con freno, porque si no, no ser acercan a ti. Muchos dolores
habrá para el impío; más el que espera en Jehová, le rodeará la misericordia,
agrados de Jehová y gozaos justos, y cantad con júbilo todos vosotros los
rectos de corazón (dicha del perdón).
Al ser
perdonados en arrepentimiento supera el propio poder obtenido de Cristo, el
corazón contrito y humillado requiere del salvador, Cristo es revelado al
pecador y salvador que murió por los pecados del mundo9, el hombre se
avergüenza de los pecados y abandona los malos hábitos, haciendo el bien
reformándose por el poder de Cristo, yo sé que perdonado estoy, ¡Gloria, gloria
a mí Jesús! Y con certeza al cielo voy, ¡Gloria, gloria a mí Jesús! Y al
concluir la lucha acá, ¡Gloria, gloria a mí Jesús! A mejor patria iré a cantar,
¡Gloria, gloria a mi Jesús! Dios te ama.

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