Colaboración
de Guillermo TOXQUI VEGA, tomado de Arqueología Mexicana
CHOLULA.- Para decirlo de otra manera,
cuando se indica que entre los maíces más antiguos localizados en Tehuacán,
Puebla, se encuentran especímenes con una antigüedad de 3000 a.C., no se quiere
decir que en ese momento se “descubrió” la agricultura, sino que para ese
entonces un proceso en curso desde miles de años atrás, y seguramente iniciado
en otras regiones, se encontraba en un punto en el que el maíz ya presentaba
los rasgos propios de una especie cultivada.
Algo similar
ocurre con la evidencia procedente de Guilá Naquitz, Oaxaca, con una antigüedad
de alrededor de 3500 a.C., la cual se ha considerado como una de las primeras
muestras de domesticación; sin embargo, el análisis morfológico muestra que se
trata de maíz aún en el proceso de domesticación.
Lo cierto es
que para las épocas previas al inicio del Preclásico (2500 a.C.), el maíz se
encontraba entre las especies domesticadas y en vías de convertirse en uno de
los productos principales entre los pueblos sedentarios mesoamericanos.
Entre los
grupos de cazadores-recolectores, la recolección era una actividad
esencialmente femenina.
Eran las
mujeres quienes habían acumulado la experiencia en relación con los lugares en
que crecían algunas plantas, sabían distinguir cuáles eran venenosas y cuáles
comestibles, cuáles eran sus partes útiles y cuándo era conveniente
recolectarlas.
La
reiteración de este proceso condujo a la modificación de las características de
las plantas.
IMÁGENES: A.
Mazorca de cerámica. Museo de Sitio de Cacaxtla, Tlaxcala. B. La coa fue el
instrumento principal para la siembra del maíz. Pintura mural de Diego Rivera,
Palacio Nacional, 1950. C. Milpa y los cerros Delgado y Chalcatzingo al fondo.
Chalcatzingo, Morelos.
Esta publicación
es un fragmento del artículo “Breve Historia”, del autor Enrique Vela, y se
publicó íntegramente en la edición especial de Arqueología Mexicana, número 38,
titulada El maíz.

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