Las boletas
electorales no dan otras opciones que las determinadas por los partidos, las
que a veces ninguna llena las expectativas de los ciudadanos.
Aparte se
blindan con un reglamento que los protege y que en cierta forma se contrapone
al derecho constitucional de elegir y ser elegido libremente. Lo que encapsula
la opinión ciudadana.
Las boletas
deberían contar con una casilla en blanco para votar por otra persona o por
nadie, pero se podría ejercer ese derecho legítimo.
Tengamos
pues cuidado en este ejercicio que se avecina y ¡aguas! porque el horno no está
para bollos.

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