POR ENRIQUE
RUIZ VILLASEÑOR***
CHOLULA.- Tras la muerte de su marido,
Celinda se hundió en una fuerte depresión. Quedaba al cuidado de tres hijos
pequeños y nunca había trabajado, por lo que su situación económica estaba
también al límite. Sin embargo, a las pocas semanas, decidió que tenía que hacerse
fuerte y ponerse al frente de la familia. Aunque nunca había trabajado, Celinda
había estudiado patronaje industrial, así que decidió empezar a trabajar en su
casa confeccionando vestidos de novia y vestidos para fiestas. Primero una
prima que se iba a casar le encargó su vestido, después unos vecinos, y así,
poco a poco, se fue dando a conocer. Sus vestidos estaban muy bien hechos y a
un precio realmente competitivo. Un año más tarde se compró una casa más grande
en la que pudo crear un pequeño taller, con otras dos personas que la ayudaban.
Tres años más tarde tenía un taller de mil metros cuadrados y trabajaban para
ella 23 personas.
Pedro fue
despedido de su trabajo cuando tenía 56 años, después de 35 años en la misma
empresa y de tres infartos. Su trabajo era de mucha responsabilidad. Con esa
edad pensó que nunca más iba a ser contratado. Como sus hijos eran mayores y su
mujer había muerto hacía unos años, decidió vender su casa en la ciudad y
volver al pueblo en el que había nacido. Allí redescubrió la vida en el campo
de su infancia, una forma de vida natural basada en la tranquilidad. Volvió a
cultivar la huerta que había visto sembrar a su abuelo, volvió a jugar a las
cartas en la taberna del pueblo, comenzó a dar largos paseos por los montes cercanos.
Pedro volvió a ser feliz.
Ismael
perdió las dos piernas en un accidente de tráfico. Tras su recuperación no pudo
volver al mismo trabajo de policía municipal, un trabajo que le gustaba mucho.
Entonces se decidió a estudiar informática y programación de páginas web.
En la vida
hay cosas que puedes cambiar y otras cosas que no puedes cambiar. Hay cosas que
depende de ti y otras que no dependen de ti. Aprende a aceptar aquello que no
puedes cambiar, no ciegamente, sino con pleno conocimiento. Cuanto más aceptes
que hay determinadas cosas que no dependen de ti y que no puedes cambiar, más
fácil será encontrar opciones diferentes. Para cambiar algo, primero tienes que
aceptar la realidad. No puedes luchar contra una enfermedad si primero no
aceptas que tienes esa enfermedad. No puedes resolver un problema, si primero
no aceptas que tienes un problema. No puedes cubrir una pérdida si primero no
reconoces que la has tenido.
Celinda no
podía superar la muerte de su pareja si primero no aceptaba que había muerto.
Pedro no podía luchar contra el desempleo si primero no aceptaba la realidad
social en la que vivía y sus valores más profundos, que eran vivir con
tranquilidad. Ismael no podía rehacer su vida si primero no aceptaba que había
perdido sus dos piernas.
Aunque hay
muchas cosas que no dependen de ti y que no puedes cambiar, así que puedes
cambiar tu relación con esas cosas. Cómo te sientes, depende de ti. Cómo
reaccionas, depende de ti. Cómo buscas una alternativa, depende de ti.
No hay
ninguna pérdida en la que no encontremos algo positivo. Todas las pérdidas son
dolorosas. Pero todas las pérdidas nos obligan a cambiar. Si no aceptamos la
pérdida, el cambio será negativo, nos bloqueará. Si por el contrario si somos
conscientes de la realidad, si aceptamos la pérdida, el cambio sólo puede ser
positivo, porque nos exigirá buscar algo mejor. Las pérdidas nos sacan de la
comodidad, nos fuerzan a salir del terreno conocido.
Te agradezco
tu tiempo y no dudes en llamarme si quieres algún consejo.
*** ENRIQUE
RUIZ VILLASEÑOR es economista de la Universidad de las Américas Puebla, tiene
estudios de economía en STATE UNIVERSITY OF NEW YORK, Maestro en Alta Dirección
de Empresa por el IPADE, ha sido catedrático de la BUAP, IBERO, UDLAP y UPAEP.
También ha colaborado como columnista del Periódico “El Financiero Golfo
Centro” y orgullosamente Cholulteca.


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