POR ENRIQUE
RUIZ VILLASEÑOR***
CHOLULA.- El respeto hacia los demás se
llama Compasión. Tener un gran respeto por uno mismo conlleva tener un gran
respeto hacia los demás. Reconocemos nuestros recíprocos derechos. Tu derecho a
tener tu propio punto de vista, tu derecho a cambiar de opinión sin tener que
dar explicaciones, tu derecho a crear un mundo propio en el que poder vivir.
Respeto
hacia los demás supone tener respeto por sus decisiones y por sus sentimientos.
Respetar las decisiones de los demás o sus sentimientos no significa que
estemos de acuerdo ni que los compartamos, significa que aceptamos que la otra
persona tiene derecho a tener sus propios sentimientos y a tomar sus propias
decisiones, sean o no adecuadas para mí y sean o no iguales que los míos.
Significa que permitimos que los demás pongan nombre a sus sentimientos, aunque
no los entendamos, aunque nosotros les llamemos de otra manera.
Respeto
hacia los demás significa respetar sus diferencias, aceptar que somos personas
diferentes, con experiencias, culturas, ideologías y punto de vista distintos.
Significa respetar sus sueños y sus necesidades y no tomar decisiones que les
afecten sin contar con su participación.
Respeto
hacia los demás implica separar su conducta de su identidad. La conducta de una
persona no es su identidad. Es aceptar los límites que nos impone y no invadir
su espacio privado sin su consentimiento. Es no ser arbitrario con él, sino
consecuente. Es darle valoración, transmitirle nuestra admiración, darle
recompensas. Es darle poder.
El respeto
hacia los demás incluye el derecho a tener opiniones y valoraciones diferentes,
el respeto hacia la pluralidad. Vive y deja vivir. No tenemos derecho a juzgar
a los demás, entre otras razones, porque no disponemos de toda la información.
No somos policías, ni jueces, ni dioses.
Pero el
respeto hacia los demás va más allá. Supone también que vamos a ayudar a los
demás a desarrollar todas sus capacidades. Yo pongo a tu disposición mis
capacidades para que tú puedas desarrollar las tuyas. Pídeme lo que necesites y
que yo pueda darte. Es aceptar el derecho del otro a pedir.
Un
ejemplo es el de Pablo quien es un
famoso escultor en España y sus
esculturas son muy apreciadas y valoradas, sobre todo las de gran tamaño, que
adornan espacios públicos, como plazas y autopistas de todo el mundo. Pablo se
ha forjado a sí mismo y ha conseguido su posición gracias al esfuerzo y la
constancia. Hace unas semanas iba paseando por la calle con su amigo Pedro
cuando se encontraron con un músico callejero. Tocaba muy mal unas piezas de Mozart
con su violín. Generalmente Pedro pasa de largo, pero Pablo quiso pararse a
escuchar. El músico luchaba con las cuerdas por sacar algún sonido reconocible
y afinado. Pablo hizo aguantar a Pedro diez minutos de insufrible tormento
musical. Cuando acabó el “concierto”, ante la sorpresa de Pedro, Pablo se
acercó al músico, le dio un billete de 50 Euros y le dijo: “Muchísimas gracias
por su amabilidad, me ha hecho feliz durante estos minutos”
“— Pero, Pablo, —le dije al alejarnos— ha sido
horrible. En todo caso es él quien debería darte las gracias a ti.”
—Te
equivocas, Pedro, —le dijo— Es verdad que ha sido horrible, que no se puede
hacer peor, pero soy yo quien tiene que estar agradecido por poder ayudar a
este hombre. Mi agradecimiento no es por su música, sino por la posibilidad que
me ha dado de ayudarle. Él mantiene su dignidad, ofreciendo su música, y yo le
ayudo a comer hoy sin mancillar su dignidad. Es una cuestión de respeto. Él se
respeta a si mismo no pidiendo caridad, sino ofreciendo algo a cambio de unas
monedas y yo le agradezco que me permita ayudarle sin lesionar su dignidad. 50
Euros es un precio muy bajo por lo que acabo de ganar gracias a este hombre.
Aprendí una
buena lección. Desde entonces doy siempre las gracias, tanto por recibir como
por dar.
Te agradezco
tu tiempo y no dudes en llamarme si quieres algún consejo.
*** ENRIQUE
RUIZ VILLASEÑOR es economista de la Universidad de las Américas Puebla, tiene
estudios de economía en STATE UNIVERSITY OF NEW YORK, Maestro en Alta Dirección
de Empresa por el IPADE, ha sido catedrático de la BUAP, IBERO, UDLAP y UPAEP.
También ha colaborado como columnista del Periódico “El Financiero Golfo
Centro” y orgullosamente Cholulteca.


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