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Aprendiendo en el mundo real

Written By Unknown on domingo, 21 de diciembre de 2014 | 11:30



POR ENRIQUE RUIZ VILLASEÑOR***


Uno de los mayores problemas con el que se enfrentan los estudiantes es el de dejar que su mente aprenda de forma natural, de forma espontánea. El sistema escolar se empeña en dar técnicas de estudio, cuando la mejor técnica de estudio es aquella que no existe. Queremos dar la idea de que el aprendizaje integral, aquel que utilizamos todos de forma espontánea para aprender en la vida cotidiana y que dejamos de utilizar en relación con el aprendizaje escolar.


Los niños tienen, por su propia naturaleza, un extraordinario interés por aprender cosas nuevas y una facilidad pasmosa para hacerlo. Durante la primera infancia, los seres humanos aprendemos más del 80% de todo lo que aprenderemos durante nuestra vida. Millones de neuronas establecen conexiones sinápticas, creando nuevos y nuevos conocimientos. Los niños van integrando todos estos conocimientos hasta desarrollar una visión del mundo que les permita sobrevivir. Y estos conocimientos los van adaptando a gran velocidad –el cerebro humano o aprende rápido o no aprende- de forma completamente natural, sin hacer nada especial, sin utilizar ninguna técnica. Millones de nuevos aprendizajes se van acumulando, desde el aprendizaje del idioma materno, hasta aprender a atarse los cordones de los zapatos.

Esto es así hasta que llegan a la escuela. Porque cuando llegan a la escuela se les enseña a hacer las cosas de otra manera. En primer lugar, de dar preferencia absoluta a sus sentidos, pasan a tener que dar preferencia exclusiva a su cabeza, a su parte más racional. Los seres humanos nos ponemos en comunicación con el mundo a través de los sentidos. El niño, desde que nace, aprende a través de los sentidos. La escuela le obliga a alejarse de su sistema natural de aprendizaje, a través de los sentidos, para pasar a aprender sólo con la cabeza.

En segundo lugar, desde que nació, el niño ha aprendido de forma relajada, utilizando frecuencias cerebrales bajas. Científicamente se ha demostrado que se aprende mejor y más rápido cuando nuestro cerebro se sitúa alrededor de los 10Hz. Un niño de ocho años está prácticamente siempre en 10Hz, completamente concentrado en lo que está haciendo. En el colegio se le obliga a subir la frecuencia cerebral, con lo que pierde concentración y rendimiento.

En tercer lugar, el niño ha aprendido moviéndose, a través de su expresión corporal, con ritmo y música. En el colegio se le obliga a estar sentado y quieto, sin hablar, como si fuera una estatua pasiva.

En cuarto lugar, el niño ha aprendido de forma integrada, unificada, mientras que en el colegio su aprendizaje es parcial, separado por asignaturas o materias. Hasta ese momento, el niño ha aprendido de su entorno, de la vida cotidiana. En el colegio aprende de forma teórica, sin conexión con su propia realidad.

En quinto lugar, el niño ha aprendido a través del juego, de forma alegre y despreocupada, mientras que cuando llega al colegio se le presenta el aprendizaje como una obligación, como algo que sólo puede hacerlo a fuerza de voluntad, algo difícil y arduo, que conlleva sacrificio.

En sexto lugar, el niño memoriza por asociación de ideas, de conceptos, de sentimientos, mientras que en la escuela se le obliga a memorizar solo por repetición.

En resumen, podemos decir que de usar la fantasía, la diversión, los sentidos, las vivencias, se les obliga a utilizar sólo su raciocinio. Incluso en asignaturas como música o gimnasia, se les obliga a utilizar su parte más racional. De un aprendizaje natural se pasa a un aprendizaje artificial. Y ahí empiezan los problemas, las inadaptaciones, los fracasos, las dificultades.

Lo mismo podríamos decir del entorno del aprendizaje. El aula escolar es lo menos apropiado para aprender. Habitaciones llenas de mesas y sillas, sin espacio físico para moverse, niños encajonados, obligados a permanecer quietos durante horas. ¿Se imaginan si se obligara a un niño a aprender a hablar o a andar en esas condiciones? La sociedad está cada vez más concienciada respecto a los malos tratos, pero ¿no son malos tratos obligar a los niños a la tortura de estarse quietos, cuando su instinto natural es moverse libremente?

Devolver la naturalidad al aprendizaje es un reto para todos los profesionales de la enseñanza.

Te agradezco tu tiempo y no dudes en llamarme si quieres algún consejo.


*** ENRIQUE RUIZ VILLASEÑOR es economista de la Universidad de las Américas Puebla, tiene estudios de economía en STATE UNIVERSITY OF NEW YORK, Maestro en Alta Dirección de Empresa por el IPADE, ha sido catedrático de la BUAP, IBERO, UDLAP y UPAEP. También ha colaborado como columnista del Periódico “El Financiero Golfo Centro” y orgullosamente Cholulteca.
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