POR ENRIQUE
RUIZ VILLASEÑOR***
Uno de los
mayores problemas con el que se enfrentan los estudiantes es el de dejar que su
mente aprenda de forma natural, de forma espontánea. El sistema escolar se
empeña en dar técnicas de estudio, cuando la mejor técnica de estudio es
aquella que no existe. Queremos dar la idea de que el aprendizaje integral,
aquel que utilizamos todos de forma espontánea para aprender en la vida
cotidiana y que dejamos de utilizar en relación con el aprendizaje escolar.
Los niños
tienen, por su propia naturaleza, un extraordinario interés por aprender cosas
nuevas y una facilidad pasmosa para hacerlo. Durante la primera infancia, los
seres humanos aprendemos más del 80% de todo lo que aprenderemos durante
nuestra vida. Millones de neuronas establecen conexiones sinápticas, creando
nuevos y nuevos conocimientos. Los niños van integrando todos estos
conocimientos hasta desarrollar una visión del mundo que les permita
sobrevivir. Y estos conocimientos los van adaptando a gran velocidad –el
cerebro humano o aprende rápido o no aprende- de forma completamente natural,
sin hacer nada especial, sin utilizar ninguna técnica. Millones de nuevos
aprendizajes se van acumulando, desde el aprendizaje del idioma materno, hasta
aprender a atarse los cordones de los zapatos.
Esto es así
hasta que llegan a la escuela. Porque cuando llegan a la escuela se les enseña
a hacer las cosas de otra manera. En primer lugar, de dar preferencia absoluta
a sus sentidos, pasan a tener que dar preferencia exclusiva a su cabeza, a su
parte más racional. Los seres humanos nos ponemos en comunicación con el mundo
a través de los sentidos. El niño, desde que nace, aprende a través de los
sentidos. La escuela le obliga a alejarse de su sistema natural de aprendizaje,
a través de los sentidos, para pasar a aprender sólo con la cabeza.
En segundo
lugar, desde que nació, el niño ha aprendido de forma relajada, utilizando
frecuencias cerebrales bajas. Científicamente se ha demostrado que se aprende
mejor y más rápido cuando nuestro cerebro se sitúa alrededor de los 10Hz. Un
niño de ocho años está prácticamente siempre en 10Hz, completamente concentrado
en lo que está haciendo. En el colegio se le obliga a subir la frecuencia
cerebral, con lo que pierde concentración y rendimiento.
En tercer
lugar, el niño ha aprendido moviéndose, a través de su expresión corporal, con
ritmo y música. En el colegio se le obliga a estar sentado y quieto, sin
hablar, como si fuera una estatua pasiva.
En cuarto
lugar, el niño ha aprendido de forma integrada, unificada, mientras que en el
colegio su aprendizaje es parcial, separado por asignaturas o materias. Hasta
ese momento, el niño ha aprendido de su entorno, de la vida cotidiana. En el
colegio aprende de forma teórica, sin conexión con su propia realidad.
En quinto
lugar, el niño ha aprendido a través del juego, de forma alegre y
despreocupada, mientras que cuando llega al colegio se le presenta el
aprendizaje como una obligación, como algo que sólo puede hacerlo a fuerza de
voluntad, algo difícil y arduo, que conlleva sacrificio.
En sexto
lugar, el niño memoriza por asociación de ideas, de conceptos, de sentimientos,
mientras que en la escuela se le obliga a memorizar solo por repetición.
En resumen,
podemos decir que de usar la fantasía, la diversión, los sentidos, las
vivencias, se les obliga a utilizar sólo su raciocinio. Incluso en asignaturas
como música o gimnasia, se les obliga a utilizar su parte más racional. De un
aprendizaje natural se pasa a un aprendizaje artificial. Y ahí empiezan los
problemas, las inadaptaciones, los fracasos, las dificultades.
Lo mismo
podríamos decir del entorno del aprendizaje. El aula escolar es lo menos
apropiado para aprender. Habitaciones llenas de mesas y sillas, sin espacio
físico para moverse, niños encajonados, obligados a permanecer quietos durante
horas. ¿Se imaginan si se obligara a un niño a aprender a hablar o a andar en
esas condiciones? La sociedad está cada vez más concienciada respecto a los
malos tratos, pero ¿no son malos tratos obligar a los niños a la tortura de estarse
quietos, cuando su instinto natural es moverse libremente?
Devolver la
naturalidad al aprendizaje es un reto para todos los profesionales de la
enseñanza.
Te agradezco
tu tiempo y no dudes en llamarme si quieres algún consejo.
*** ENRIQUE RUIZ
VILLASEÑOR es economista de la Universidad de las Américas Puebla, tiene
estudios de economía en STATE UNIVERSITY OF NEW YORK, Maestro en Alta Dirección
de Empresa por el IPADE, ha sido catedrático de la BUAP, IBERO, UDLAP y UPAEP.
También ha colaborado como columnista del Periódico “El Financiero Golfo
Centro” y orgullosamente Cholulteca.


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