Por Mons. Eugenio Lira Rugarcía, Obispo de Matamoros
Obispo de Matamoros
MATAMOROS, TAMPS. - La vida enseña que sin esfuerzo no hay ganancia.
Así es en el deporte, el estudio o el trabajo. Sin embargo, algunos, sin ver
más allá de su comodidad inmediata, se dejan engañar por quienes les ofrecen
éxitos sin esfuerzo, poniendo en riesgo su futuro. Así sucede con los intentos
de bajar de peso sin dieta, o de aprender sin estudiar. El resultado es tan
malo, que confirmamos aquello de: “lo barato sale caro”.
Dios, autor amoroso de cuanto existe, que sabe cómo se triunfa de
verdad, ha enviado a su Hijo a enseñárnoslo. Jesús ha venido a sacarnos del lío
en que nos metimos al desconfiar del Padre y pecar, con lo que nos condenamos
al mal y la muerte ¿Cómo lo hace? Amando hasta dar la vida. No había de otra.
Sólo el amor hasta el extremo podía sanarnos del pecado y hacernos hijos de
Dios, partícipes de su vida por siempre feliz.
Sin embargo, cuando él explica esto a los apóstoles, Pedro, atado a
los criterios del mundo, trata de disuadirlo para que no llegue a tanto.
Entonces Jesús, que, como dice san Hilario, conoce el origen de las intrigas,
le hace ver que se está dejando engañar por el diablo, que ofrece a la gente
ideas atractivas, pero falsas.
Muchas veces nos pasa lo mismo. Así, si acomedirnos en casa es
cansado, no nos acomedimos. Si no nos “nace” ir a Misa, no vamos. Si ser fieles
en el matrimonio o el noviazgo nos cuesta trabajo, no lo somos. Si ser honestos
no es útil, preferimos ser “abusados” antes que honrados. Si para ayudar a
alguien tenemos que incomodarnos o quitarnos algo, mejor no ayudamos. Si para
mejorar el Municipio, el Estado o el País hay que participar, mejor nos
conformamos con criticar o contar chistes.
¿Y en qué termina todo? Vidas, familias, matrimonios, amistades y
noviazgos fracasados, y sociedades plagadas de individualismo, mentira,
soledad, injusticia, pobreza, corrupción, violencia y muerte. Por eso Jesús,
que nos advierte que de nada nos sirve tener un placer fugaz o un éxito efímero
si nos perdemos a nosotros mismos, nos enseña que para hacer la vida plena y
eterna necesitamos tres cosas: negarnos a nosotros mismos, tomar nuestra cruz y
seguirlo.
Negarse a uno mismo es salir de la prisión del egoísmo. Tomar la cruz
es amar a Dios, a nosotros mismos y al prójimo. Y seguir a Jesús es, como
aconseja san Pablo, dejar que una nueva manera de pensar nos transforme para
que sepamos discernir lo que es la voluntad de Dios, lo bueno, lo perfecto.
“Este estilo de vida –comenta el Papa– nos salvará… Otras alegrías… al final
pierden y estropean la vida.
Comprendiendo la esperanza que nos da el llamamiento de Dios, sigamos
a Jesús por el camino del amor, que hace la vida por siempre feliz. Así nos
sentiremos tan plenos, que, como sucedió al profeta Jeremías, ni las penas ni
los problemas podrán contener nuestro deseo de mostrar a todos este camino,
confiando en la ayuda del Espíritu Santo, que, como promete el Salmo, siempre
nos sostendrá.
0 comentarios:
Publicar un comentario