Por Profa. Gloria GARCIA ROJAS
El Crecimiento Económico y la Naturaleza
CHOLULA. – Muy irregular
sin duda alguna que los cuarenta millones de ingleses del tiempo de Keynes no
se consideraban beneficiaros de una providencia generosa, y no obstante a pesar
de todas las estrecheces de los tiempos ocupaban sin duda alguna un asiento
mucho más ventajoso en la mesa de la naturaleza que los diez millones de
ingleses del tiempo de Malthus.
Y eso no ocurría porque la naturaleza se hubiese vuelto ley del
rendimiento decreciente la naturaleza entregaba sus bienes de mata gana a
medida que era cultivada más intensamente.
El secreto del crecimiento económico estriba en el hecho de que cada
nueva generación ataca a la naturaleza, no solo con sus propias energías y
recursos sino también con todo el equipo acumulado que hereda de sus
antepasados y a medida que esa herencia creció, conforme cada generación aportó
su cuenta de nuevos conocimientos, fábricas y herramientas y técnicas a las
riquezas heredadas por ella, la productividad humana aumentó con asombra
rapidez.
Un obrero fabril del año 1965 en los Estados Unidos, producía en un
espacio de unas horas de trabajo un número cuatro o cinco veces mayor de
artículos que los que producía un obrero en la guerra civil norteamericana, y
no porque aquel trabajase con mayor ahínco, o con mayor destreza, sino porque
lo hacía con artefactos mecánicos, que lo convertían en un súper hombre.
Pues bien, este proceso de constante aumento de la productividad, se
prolongaba durante otro siglo, es decir tres generaciones más entonces el
capitalismo habría conseguido lo que Keynes esperaba. Según los cálculos de
Keynes otros cien años amontonando riqueza al mismo tiempo que los cien años
anteriores, multiplicarían la riqueza real de Inglaterra siete veces y media.
En 2030 cada trabajador, tenía el alcance de la mano maquinaria
comparado con su abuelo de un siglo antes. Por el crecimiento de la
productividad, el propio Keynes la perdió de vista para dedicarse al problema
inmediato de analizar la naturaleza de aquella crisis de desempleo que venía
paralizando al mundo, nos enfrentamos con el problema de nuestro propio
porvenir. En fin, de cuentas, todo lo que hasta ahora venimos estudiando, no es
otra cosa que historia. Hemos visto al capitalismo pasar de aquel mundo
reglamentado y codificado del siglo XVII al de la pluralidad de mercados
descrita por Adam Smith, lo hemos visto escapar de la economía dominada por los
terratenientes.
De su auto destrucción predica por Marx, todas estas venturas y
desventuras por interesantes que fueran, carecían sin embargo de cualquier
factor de incertidumbre, al volvernos a los economistas modernos ya no
analizamos las ideas que dieron forma a nuestro pasado, sino que es nuestra
propia sociedad, muestra propio destino la herencia de nuestros hijos los que
están en juego.
¿Qué opina usted, mi estimado lector
Pensamiento: La constancia obtiene las cosas más difíciles en poco
tiempo. Kranklin.

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