Por Profa. Gloria GARCIA ROJAS
Canto Tercero
Divina Comedia
Dante
CHOLULA. – Por mí se va a la ciudad doliente, por m í se va al eternal
tormento. Por mí se va tras la maldita gente, movió a mi autor el justiciero
aliento hizo la divina gobernanza el primer amor, el alto pensamiento.
Esta leyenda de color oscuro que vi me hizo exclamar inscrita en lo
alto de una puerta ¡Cual su sentido duro! Habló el maestro cual persona experta
todo temor deseché tu prudencia toda flaqueza debe aquí ser muerta “Es el sitio
de que hice ya advertencia donde verás las gentes dolorosas que perdieron el
don de inteligencia y tendiendo sus manos cariñosas, me confortó con rostro
placentero, y me hizo entrar en las secretas cosas, llantos suspiros aúllo
plañidero llamaban aquel aire sin estrellas que me baño de llanto lastimero.
Lenguas diversas horridas querellas, voces altas y bajas en son de ira,
con golpes en aire tinto gira siempre por tiempo eterno, cual la arena que en
el turbión remolinear se mira, de incertidumbre la cabeza llena pregunta ¿Quién
con voz tan dolorosa parece así vencido por la pena?
El maestro, es la muerte ignominiosa de las míseras almas que vivieron
sin infancia no aplauso, vida ociosa. En el coro infernal se confundieron con
los míseros ángeles, que fieles ni rebeldes a Dios fueron “los que del alto
cielo desterrados perdida su belleza rutilante son por el mismo infierno de
desechados” y yo ¿maestro, que aguijón punzante les hace rebramar queja tan
fuerte? Y él respondió “te lo diré al instante” no tienen ni esperanza de la
muerte y es su ciega existencia tan escasa que envidian de oros réprobos la
suerte”.
No hay memoria en el mundo de su raza caridad y justicia de los desdeña
¡No hablemos de ellos, pero mira y pasa! Entonces vi de una movible enseña
revolotear tan temblorosamente, que de quietud no parecía dueña. Detrás de ella
venía tal torrente de muertos, que, al no haberle contemplado, no creyera la
muerte tan potente. Luego que algunos hube señalado la sombra vi, del que
cobardemente la sombra vi, del que cobardemente, la gran renuncia hiciera de su
estado, y comprendí de luego ciertamente, era a triste secta, renegada por Dios
y su enemigo juntamente, es la turba que, en vida, no fue nada desmida ya por
nubes incesantes de tábanos y avispas hostigada. Que regaban de sangre sus
semblantes y a sus pies con sus lágrimas caía chupándose gusanos repugnantes a
otro lado tendí la vista mía y vi gente a la orilla de un río que en tropel a
su margen acudía, ¿puedo saber, porque tanto gentío? Interróguele, el paso se
apresura según columbro en este sitio umbrío. “Lo sabrás, cuando la orilla
oscura del Aqueronte triste, la rivera pisemos con la planta bien segura.
Temiendo que mi hablar molesto fuera bajé los ojos y calladamente
seguimos hasta el río de carrera, y en una barca vimos de repente un viejo,
blanco con antiguo pelo que me gritaba ¡Guay! ¡maldita gente!, no esperéis más
volver a ver el cielo, vengo a llevaros a la opuesta riba, a la eterna tiniebla
al fuego, al cielo. Y tú que aquí has venido, anima viva vete, no es tu lugar
entre muertos y viendo que suspenso no me iba, dijo “por ora playa y otros
puertos encontrarás esquife más liviana que te conduzca en caminos ciertos”, y
el guía a él Caronte, no así en vano de encolerices, ni preguntes nada lo
quiere allá quién manda soberano.
¿Qué opina usted, mi estimado lector?
Pensamiento: Hay cierto odio contra la mentira y y el disimulo.
Federico Nietzsche, filósofo alemán.

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