CHOLULA.- En varias entidades del país,
se está dando con demasiada frecuencia que los gobernantes en turno, dejen a
sus Estados endeudados hasta la coronilla. Eso, en cierta forma se debe a que
no hay orden en el gasto y dejan manos libres para endeudarlos.
Los congresos
en esos casos, son comparsas para fingir que lo correcto es lo que se pretende
o se realiza. Es decir, justificar o legalizar lo que no se debe hacer por los
mandatarios en turno, quienes hacen ver que sus anteriores, fueron menos malos.
Si el gasto
se hiciera de acuerdo a las posibilidades de cada entidad y vamos más lejos, a
los recursos que se pudieran ahorrar durante un año, y en base a ello se
planeara, otro gallo nos cantaría.
En el caso
de aprobación del gasto federal de acuerdo a una cantidad generada por el
petróleo, era porque se sentían seguros tales recursos, pero hoy ya es otra
historia. El país se debe contemplar como una familia, y no exceder su gasto en
cosas menos necesarias, para antes, cubrir lo básico.
Porque si en
vez de comprar alimento se compra un aparato electrónico, está visto que es
ilógico. Mejor se ahorra y se adquiere, sin endrogarse. Pero a nivel nacional
se hace todo lo contrario.
Como las Chinches, Comen y se van
Las
construcciones monumentales, a veces sin licitar, dejan mucho a la imaginación
popular. Se dice que de acuerdo al sapo es la pedrada, que hoy son cañonazos
como los de Álvaro Obregón, con afectación al erario y al constructor, quien
con el afán o necesidad de trabajo, en su mayoría, lo obligan a participar en
la corrupción.
Así como hay
delincuentes protegidos, debería implementarse una figura en este renglón. Y lo
peor, que a muchos no les pagan su trabajo. Hay demasiada prisa por hacer obras
monumentales, aunque las familias perezcan, como el caso de Morelia, donde con
subcontrataciones entre compañías fantasmas y constructores morelianos, dejaron
sí, buenas obras, pero muchas pequeñas compañías quebradas y la mano de obra
que se usó para alejarlos del crimen, desocupados.
Castillo fue
a hacer negocios, lo demás le importó un cacahuate. Encarceló a varios
valientes que defendieron a sus familias y pueblos como autodefensas, ante el
valemadrismo e incapacidad de la ley y sus aplicadores.
Eso hizo
solamente. Pero de sus obras, debió recibir algunos cañonazos de los que
hablamos y lo premiaron. “Que nadie disfrute lo superfluo, mientras alguien
carezca de lo estricto” parece que esta expresión del vate veracruzano,
Salvador Díaz Mirón, se actualiza ante tanto desgarriate.

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