La Virgen de los Remedios
(Una interpretación ecologista)
Por Alejandro MARIO FONSECA
CHOLULA.- Cuando yo era niño vivía en la ciudad de México, en la cerrada de
Merced de las Huertas, una calle en forma de curva que está exactamente atrás
de la Capilla del mismo nombre, en la calzada México Tacuba. En esa iglesia fui
a la doctrina, hice mi primera comunión y los domingos después de misa de ocho,
nos daban dulces o galletas de animalitos. Me acuerdo muy bien de las posadas populares
que cada año ofrecía el padre Antonio; después del rosario, cantar la letanía y
pedir posada, se rompían algo así como cinco piñatas: casi nunca me tocaba nada
de fruta, había niños grandes y muy aguerridos.
Valga la nostalgia, para referirme aquí a la Virgen de los Remedios.
Sucede que ahora que me puse a investigar sobre la patrona de Cholula, descubrí
que en aquella iglesia de mi infancia estaba y todavía está, un óleo pintado
por Miguel Cabrera, pintor oaxaqueño y uno de los máximos exponentes de la
pintura barroca del virreinato en el siglo XVIII. El óleo se llama “El hallazgo
de la Virgen de los Remedios”.
Si usted quiere ver la fotografía de la pintura, puede consultar el
número 117 de la revista Arqueología Mexicana. También puede ver detalles sobre
la historia de la estatuilla original de la Virgen, que trajo a México un
soldado de Hernán Cortés, de nombre Juan Rodríguez de Villafuerte, mismo que
después de la Noche Triste, la ocultó en Toltepec, un lugar cercano a la actual
Basílica de la Virgen de los Remedios, en el municipio de Naucalpan, estado de
México.
Lo que me interesa destacar aquí de esa investigación que publica la
revista Arqueología Mexicana, es que la Virgen de los Remedios le dio
continuidad a una vieja tradición prehispánica de rituales en los que se hacían
peticiones de lluvia. Durante el siglo XVII la virgen era trasladada a la
catedral de la ciudad de México cuando había grandes sequías y hambrunas.
Lo que le propongo amable lector, en estos tiempos que nos tocó
vivir, desde una modernidad mal entendida y guidada por el consumismo y el
despilfarro, es que recuperemos ese gran respeto que nuestros antiguos, desde
su fe religiosa, tenían por sus deidades ligadas a las fuerzas de la
naturaleza. El cambio climático es una realidad y el agua es un recurso no
renovable que todavía estamos a tiempo de salvar. Cuidemos el agua y empecemos
a pensar en estrategias de reciclado, para los tiempos de escasez y de sequía
que ya están muy cerca; y si no me creen, consulten los pronósticos de la FAO
publicados hace unos días.
Como me gustaría ver a mis hijos llevando a mis nietos en las
festividades de la iglesia a romper piñatas llenas de frutas frescas producidas
en la región, aunque no les toquen muchas, porque los niños grandes se las
llevan casi todas.
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