* Presentada por la psicóloga María Elena Flores Petlacalco
Por Epigmenio ROJAS CASTRO
CHOLULA.- “Mis Vivencias en el Sanatorio de Nuestra Señora de Guadalupe”,
fue el tema expuesto por la psicóloga María Elena Flores Petlacalco, quien de
manera amena, con un lenguaje sencillo, fue narrando parte de lo que vivió a lo
largo de sus 23 años, al servicio de la institución, la cual ha desaparecido.
La tarde del pasado viernes, ante un lleno total del salón de
conferencias y el patio de Casa del Puente, la psicóloga María Elena Flores
Petlacalco, dio su conferencia, iniciando desde cómo nació en ella, la
inquietud por estudiar psicología, de cómo es que logró ingresar a este sanatorio,
en donde eran tratadas personas con problemas mentales, hasta su despedida.
Con su característica humildad, María Elena, como le gusta que la
llamen, de manera breve narró la historia de San Juan, patrono de la orden de
Los Juaninos, de cómo él logró el primer sanatorio para este tipo de enfermos,
y cómo logró les dieran un trato digno, como personas, y no siguieran siendo
objeto de golpes y maltratos, por el supuesto de que no sentían.
Así poco a poco, fue narrando, hasta llegar a los orígenes del
Sanatorio de Nuestra Señora de Guadalupe, dedicado precisamente al tratamiento
de personas con problemas mentales, y de esos pacientes que dejaron una huella
en su mente y corazón. Recordó a aquellos que eran muy dóciles, muy carentes de
afecto, o aquellos que en un momento dado, se tornaban violentos.
Recordó a los directivos del Sanatorio, sacerdotes, de autoridades
municipales, quienes se interesaron en apoyar a esos pacientes, como José
Jiménez Espinosa, Dr. Alfredo Toxqui Fernández de Lara, Francisco Covarrubias
Pérez, del párroco Rafael Amador Tapia, o bien cuando se celebraron los 100
años de la construcción de este Sanatorio, en un predio que donó al 100% la
señora Rita Canelo, para la construcción del hospital, porque ella tenía un
hijo enfermó, y era muy complicado ir hasta Guadalajara, en donde se tenía un
sanatorio de este tipo.
De cuando se celebraron los 100 años de existencia del sanatorio,
con una serie de eventos, de entrega de reconocimientos, sin imaginar que les
quedaba poco tiempo como Sanatorio.
Cuando ella fue despedida con muestras de afecto y cariño, no solo
por los directivos de la institución, sino por los mismos pacientes, quienes no
querían que se fuera.
Nutrido y prolongado aplauso de parte de la concurrencia, recibió
con humildad la ponente, quien recordó su pasos por esta institución.
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