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La compasión con nuestros hijos

Written By Unknown on martes, 1 de abril de 2014 | 20:50

Por Andrés ZACA NAYOT
Teólogo y Filosofo

CHOLULA.- ¿Cómo debemos actuar ante una desobediencia de nuestros hijos?  Antes de darles la recomendación acerca de cómo se podría manejar la desobediencia de nuestros hijos, cuando se muestren arrepentidos por algún error cometido, voy a mencionar un capítulo de la Biblia donde Jesús nos enseñó durante su estadía entre nosotros, que la humildad y la compasión son los estados emocionales, que nos permiten ver, aceptar y perdonar los errores de los demás y los nuestros. Me voy a referir a Juan 8 versículos 3-11, que dice: Escribas y Fariseos le llevaron a Jesús una mujer sorprendida en adulterio y le preguntaron qué opinaba él acerca del castigo que la ley de Moisés ordenaba aplicar, en estos casos, que era apedrearla hasta morir. Mi razonamiento me dice que un hombre tan centrado, inteligente y compasivo como Jesús que se encontraba en medio de una situación, donde estaba en juego la vida de una persona y donde su intención era sacarles del corazón a esos hombres, el deseo de asesinarla, no les respondió inmediatamente con las palabras señaladas en la Biblia: “Si ninguno de ustedes tiene pecado, que tire la primera piedra”. Responderles directamente de esa manera hubiese significado una respuesta retadora y con toda seguridad alguno de estos hombres al sentirse intimidado por sus palabras, hubiese lanzado la primera piedra y el resto de la multitud lo habrían seguido. En ese momento lo que precisamente buscaba Jesús, era hacerlos entrar en un nivel de conciencia que les permitiera aceptar que todos hombres y mujeres somos pecadores y poder salvar a la mujer. Entonces la vía más inteligente, sensata y compasiva era hacerlos reflexionar preguntándoles, algo que no fue escrito en el libro sagrado, porque los hombres de la cultura machista de aquel entonces, jamás se atrevieron a escribir y la pregunta fue esta: ¿Pero dónde está el hombre con el cual ella pecó y que la llevo a cometer el adulterio?

La intención de esta pregunta era hacerles entender que en este acto ilegal, estaban involucrados los dos y que sancionarla a ella solamente era algo injusto. De esta manera Jesús intentaba modificar la ley de Moisés en la mente de estos hombres, sin necesidad de atacarla. No es difícil imaginarse, que la respuesta de estos hombres ante su pregunta, fue el silencio. Pero Jesús no les dio tiempo para que salieran de ese estado de reflexión y les hizo la pregunta que los enfrentaba a su propia realidad: “¿No estará entre ustedes el hombre que pecó con ella?  Cuando Jesús, se dio cuenta que había logrado su objetivo, de poner a estos hombres frente a frente con su realidad y que entendieran la injusticia  que estaban a punto de cometer, les dijo: “Si ninguno de ustedes tiene pecado, que tire la primera piedra”, enseguida bajo la cabeza y empezó a escribir en el suelo con sus dedos, para evitar mirar de frente al grupo y que alguno de ellos, se sintiera retado con su mirada y en una reacción de rabia, lanzara la primera piedra y el resto de los Escribas y Fariseos le siguieran, lanzado sus piedras tratando de esconder la vergüenza que Jesús les había despertado con sus preguntas. Pero gracias a Jesús y a la vergüenza que logro despertar en ellos, comenzaron  a retirarse en silencio.


Luego que se marcharon, Jesús comenzó a llevar a cabo su gran labor aleccionadora, compasiva y amorosa. Se volteó hacia la Mujer, que con toda seguridad estaba muy avergonzada, porque la sorprendieron haciendo algo prohibido y denigrante para la sociedad judía. Y a esa vergüenza, se le sumaba el miedo a morir. Si reflexionamos por un momento sobre el efecto que causa en nuestras vidas, esa mezcla de miedo y vergüenza que sintió la adultera al ser sorprendida haciendo algo prohibido y la que siente nuestro hijo cuando igualmente se siente sorprendido haciendo algo prohibido, podemos concluir que es el mismo sentir. En ese momento nuestro hijo, al igual que la adultera,  siente miedo al castigo. ¿Pero cómo reacciono Jesús ante esa situación, donde la mujer se encontraba llena vergüenza y con toda seguridad arrepentida de su error y con miedo a morir? Jesús la trato con  la compasión y protección amorosa que necesita toda persona que se encuentra arrepentida de su error. Entonces  sin descalificarla, ni avergonzarla le dijo: “Vete y no peques mas, yo tampoco te condeno”. Jesús sabía que en ese momento sobraban las palabras y que ella se había enfrentado con su realidad.

En ese momento LA COMPASION es el gesto de amor que nos permite aceptar de corazón, los errores cometidos y el arrepentimiento sincero, porque no nos sentimos atacados, sino amados. Cuando estamos sentimos miedo y vergüenza por algún error cometido, un trato amoroso y compasivo, aquel rasgo de nuestro Ego que nos llevaba al comportamiento inadecuado muere, porque nos hacemos conscientes de su   inutilidad. En ese momento se produce un “tocar fondo” en nuestra vida interna y a la vez una elevación en el nivel de consciencia, que es lo único que de verdad origina un cambio en la conducta; Por esa razón el gran maestro, con un gesto de amor y compasión le dijo: “Yo tampoco te condeno”, porque el sabia el proceso de transformación a nivel de consciencia, que se estaba dando en el mundo interno de ella y por eso finalmente le dijo: “Vete y no peques mas”. Amigos lectores, esta es una de las grandes enseñanzas que nos dejo Jesús, que podemos convertirla en un valor de vida, en la formación y las relaciones con nuestros hijos.
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