Por Andrés
ZACA NAYOT
Teólogo y
Filosofo
CHOLULA.- ¿Cómo debemos actuar ante una
desobediencia de nuestros hijos? Antes
de darles la recomendación acerca de cómo se podría manejar la desobediencia de
nuestros hijos, cuando se muestren arrepentidos por algún error cometido, voy a
mencionar un capítulo de la Biblia donde Jesús nos enseñó durante su estadía
entre nosotros, que la humildad y la compasión son los estados emocionales, que
nos permiten ver, aceptar y perdonar los errores de los demás y los nuestros.
Me voy a referir a Juan 8 versículos 3-11, que dice: Escribas y Fariseos le
llevaron a Jesús una mujer sorprendida en adulterio y le preguntaron qué
opinaba él acerca del castigo que la ley de Moisés ordenaba aplicar, en estos
casos, que era apedrearla hasta morir. Mi razonamiento me dice que un hombre
tan centrado, inteligente y compasivo como Jesús que se encontraba en medio de
una situación, donde estaba en juego la vida de una persona y donde su
intención era sacarles del corazón a esos hombres, el deseo de asesinarla, no
les respondió inmediatamente con las palabras señaladas en la Biblia: “Si
ninguno de ustedes tiene pecado, que tire la primera piedra”. Responderles
directamente de esa manera hubiese significado una respuesta retadora y con
toda seguridad alguno de estos hombres al sentirse intimidado por sus palabras,
hubiese lanzado la primera piedra y el resto de la multitud lo habrían seguido.
En ese momento lo que precisamente buscaba Jesús, era hacerlos entrar en un
nivel de conciencia que les permitiera aceptar que todos hombres y mujeres somos
pecadores y poder salvar a la mujer. Entonces la vía más inteligente, sensata y
compasiva era hacerlos reflexionar preguntándoles, algo que no fue escrito en
el libro sagrado, porque los hombres de la cultura machista de aquel entonces,
jamás se atrevieron a escribir y la pregunta fue esta: ¿Pero dónde está el
hombre con el cual ella pecó y que la llevo a cometer el adulterio?
La intención
de esta pregunta era hacerles entender que en este acto ilegal, estaban
involucrados los dos y que sancionarla a ella solamente era algo injusto. De
esta manera Jesús intentaba modificar la ley de Moisés en la mente de estos
hombres, sin necesidad de atacarla. No es difícil imaginarse, que la respuesta
de estos hombres ante su pregunta, fue el silencio. Pero Jesús no les dio
tiempo para que salieran de ese estado de reflexión y les hizo la pregunta que
los enfrentaba a su propia realidad: “¿No estará entre ustedes el hombre que
pecó con ella? Cuando Jesús, se dio
cuenta que había logrado su objetivo, de poner a estos hombres frente a frente
con su realidad y que entendieran la injusticia
que estaban a punto de cometer, les dijo: “Si ninguno de ustedes tiene
pecado, que tire la primera piedra”, enseguida bajo la cabeza y empezó a escribir
en el suelo con sus dedos, para evitar mirar de frente al grupo y que alguno de
ellos, se sintiera retado con su mirada y en una reacción de rabia, lanzara la
primera piedra y el resto de los Escribas y Fariseos le siguieran, lanzado sus
piedras tratando de esconder la vergüenza que Jesús les había despertado con
sus preguntas. Pero gracias a Jesús y a la vergüenza que logro despertar en
ellos, comenzaron a retirarse en
silencio.
Luego que se
marcharon, Jesús comenzó a llevar a cabo su gran labor aleccionadora, compasiva
y amorosa. Se volteó hacia la Mujer, que con toda seguridad estaba muy
avergonzada, porque la sorprendieron haciendo algo prohibido y denigrante para
la sociedad judía. Y a esa vergüenza, se le sumaba el miedo a morir. Si
reflexionamos por un momento sobre el efecto que causa en nuestras vidas, esa
mezcla de miedo y vergüenza que sintió la adultera al ser sorprendida haciendo
algo prohibido y la que siente nuestro hijo cuando igualmente se siente
sorprendido haciendo algo prohibido, podemos concluir que es el mismo sentir.
En ese momento nuestro hijo, al igual que la adultera, siente miedo al castigo. ¿Pero cómo reacciono
Jesús ante esa situación, donde la mujer se encontraba llena vergüenza y con
toda seguridad arrepentida de su error y con miedo a morir? Jesús la trato con la compasión y protección amorosa que
necesita toda persona que se encuentra arrepentida de su error. Entonces sin descalificarla, ni avergonzarla le dijo:
“Vete y no peques mas, yo tampoco te condeno”. Jesús sabía que en ese momento
sobraban las palabras y que ella se había enfrentado con su realidad.
En ese
momento LA COMPASION es el gesto de amor que nos permite aceptar de corazón,
los errores cometidos y el arrepentimiento sincero, porque no nos sentimos
atacados, sino amados. Cuando estamos sentimos miedo y vergüenza por algún
error cometido, un trato amoroso y compasivo, aquel rasgo de nuestro Ego que
nos llevaba al comportamiento inadecuado muere, porque nos hacemos conscientes
de su inutilidad. En ese momento se
produce un “tocar fondo” en nuestra vida interna y a la vez una elevación en el
nivel de consciencia, que es lo único que de verdad origina un cambio en la
conducta; Por esa razón el gran maestro, con un gesto de amor y compasión le
dijo: “Yo tampoco te condeno”, porque el sabia el proceso de transformación a
nivel de consciencia, que se estaba dando en el mundo interno de ella y por eso
finalmente le dijo: “Vete y no peques mas”. Amigos lectores, esta es una de las
grandes enseñanzas que nos dejo Jesús, que podemos convertirla en un valor de
vida, en la formación y las relaciones con nuestros hijos.

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