Por Andrés
Zaca Nayotl
Teólogo
CHOLULA.- El infierno que problema, o
será una posibilidad de frustración eterna. Lo cierto es que el problema del
infierno es de los problemas más difíciles de la fe cristiana, y no es tanto
por la reflexión teológica que se puede hacer, sino porque en el existe un
estado de sufrimiento eterno.
Por ello, es
que hay dos tendencias que me puedo hacer: 1. Es contradictorio que hay un
infierno cuando hay un Dios que es todo amor. 2. Trato de vivir bien para no ir
al infierno.
Estas dos
tendencias son las que existen en nuestra Iglesia Católica actualmente,. Pero
el camino para superar este paralelismo, es
la vía contradictoria de ubicar el infierno en el ámbito de la libertad
humana. Porque este estado de perdición
es fruto de la libre opción del hombre. Como hay posibilidad de decirle si a
Dios, como también la posibilidad de decirle no a Dios. Dios nos ha creado
totalmente y radicalmente libres. Por tanto todo es fruto de su libertad. El cielo
es una realidad y mientras que infierno es una posibilidad real.
En el
Antiguo Testamento el infierno no es una invención del judaísmo, es el estado
de perdición. El estado de perdición definitivamente en el Antiguo Testamento
surge con la noción del Sheol (Dt 32,22) que es el lugar de los muertos. El
Sheol es un mundo de penumbras donde reside el difunto y del Sheol pasará a la
vida y a la resurrección.
Así como en
la literatura sapiencial deja marcado que el Sheol como lugar de perdición. En
el Salmo 16,49: “el justo espera ser salvado por Yahvé”. El Sheol se identifica
con gehena que es el lugar de perdición, porque ahí se está viviendo lo
abominable contra Yahvé.
Y los
profetas toman la noción de la gehena como símbolo de perdición para el
israelita que no siga el precepto de Yahvé. Jeremías dirá que no solo perdición
para los foráneos sino también para los israelitas.
En el libro
de Sabiduría 4,19: gehena el destino del impío será la muerte eterna. El
israelita tiene conciencia de este estado de perdición.
En el Nuevo
Testamento gehena se recupera con Jesús. Jesús no condena a nadie sino que hace
tomar conciencia de la vocación a la que ha sido llamado. Y de la necesidad que
tiene de responder a la oferta de la gracia. Estamos enmarcados de lo podemos
llamar parenética (llamado, invitación a la conversión) metanoia. La salvación
es vivir en Jesús. El que me niega delante de los hombres lo negaré yo delante
del Padre (Mt 5,22). Juan habla de una escatología realizada; los condenados
son los que en esta vida rechazada a Jesús. Por eso hablamos de que:
1. Hay un
estado de perdición para quien se niega a recibir el reino anunciado por Jesús.
2. El fuego,
la gehena a la que hace referencia a la muerte. Es ciertamente un fuego que
destruye totalmente a la persona porque es la ausencia absoluta de Dios.
3. Desde la
perspectiva juanita, el infierno es el hombre mismo que rechaza la gracia
salvadora del amor de Dios en Jesucristo. Por tanto quien rechaza esa oferta ya
esta en el infierno.
Pero
Orígenes dice: que el infierno tiene un periodo de tiempo por que el amor
misericordioso de Dios tan misericordioso que va a salvar a todo el mundo
quiera o no quiera por tanto terminado el periodo del infierno pasaran a la
vida. Entramos al infierno después de la muerte, sufrimos el castigo eterno
inmediatamente al morir. El papa Inocencio II afirma: el castigo del pecado
original es la privación absoluta de Dios.
Benedictus
Deus en la doctrina de la iglesia en cuanto al infierno: el infierno existe,
lugar de perdición y condenación eterna, se entra inmediatamente después de la
muerte, va al infierno los que están en pecado mortal.
Ya en el
Vaticano II (LG 48) recuerda que existe el infierno como posibilidad real.
Con todo lo
expuesto puedo llegar una reflexión teológica como que: “El infierno finalmente
es la ausencia absoluta de Dios”.
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