Del mar Llegaron

Written By Unknown on domingo, 27 de abril de 2014 | 17:30

memotoxquivega@gmail.com

CHOLULA.- Desde hace 500 años los pobladores de Anáhuac hemos sido tratados como extranjeros en nuestra patria, los nacidos en el territorio nacional nos hemos resignado "cristianamente" a ser tratados como ajenos a los asuntos nacionales de nuestro propio territorio. Los invasores venidos de tierras extrañas "han hecho y deshecho" en nuestro vivir social, en nuestro vivir político, en nuestro vivir económico, en nuestro vivir familiar y en nuestro vivir educativo. Nos hemos dejado mangonear por los extranjeros.

Resulta fácil darse cuenta en qué momento de nuestra historia patria empezó este mangoneo, no es muy difícil conocer en qué recodo del camino fue que "perdimos la brújula": precisamente en el momento de concluir nuestro Quinto Sol Tolteca. De acuerdo a nuestra cosmo-percepción tolteca, en ese gran hito histórico, había llegado el momento de destruir todo lo visible. A los invasores les correspondió realizar la tarea a la que convocó nuestro abuelo Cuauhtémoc en un elocuente mensaje.

A nuestros abuelos anahuacas les tocó ver cómo se destruía nuestro entorno original, cómo emergía un nuevo entorno con apariencia europea.

 A nuestros abuelos les correspondió construir, bajo las órdenes de los recién llegados, todas las edificaciones que pensaron invasores españoles: casas, edificios, iglesias, catedrales, conventos, hospitales, escuelas, calles, puentes, caminos, todo cambió, todo dejó de ser Anahuaca para volverse español, todo excepto los corazones de los anahuacas.

Resulta muy difícil de imaginar siquiera el inmenso dolor de los anahuacas que vivieron este proceso de destrucción del esfuerzo de tantos anahuacas a lo largo del Quinto Sol Tolteca, los 676 años de trabajos fueron borrados de manera implacable, los invasores querían destruir toda huella de nuestra civilización, la calificaron de demoníaca, de equivocada, de ir en contra de "su Dios", las peores atrocidades fueron cometidas siempre en el nombre de Dios".

Poco quedó en pie, muy poco.

Así fue generándose el sentimiento de derrota que caracteriza a los pobladores de nuestra patria, llámense novohispanos o mexicanos. Vivimos en un país que no es nuestro.

Nuestros corazones viven arrimados en un entorno que es ajeno. Vivimos derrotados en nuestra propia tierra madre. Nuestra autoestima anda por los suelos. Es más, podemos decir que anda "debajo del suelo". Durante cerca de 500 años, los pobladores del territorio de Anáhuac nacemos derrotados.

Como nacemos derrotados, vivimos derrotados y morimos derrotados.

La depresión es el sentimiento más frecuente en nosotros. Vivimos huyendo de nuestra realidad personal, nuestro entorno nos resulta agobiante, buscamos todo tipo de actividades escapistas.

Los jóvenes viven transfugándose de su entorno, huyendo de cualquier compromiso, escapando de su familia, de sus amigos, de sus compañeros, de sus vecinos. El sexo es un aliviane de corta duración, nada es para siempre.

En la antigua Anáhuac, cuando ingresaba un niño de cinco años se le nombraba un «tutor» de seis años de edad, esta tutoría duraba los trece años que permanecía el mancebo en el centro educativo. Al cumplir seis años, él mismo se convertía en un «tutor», de un niño menor. Esto generaba una «pertenencia mutua» de por vida. Al hacerse adultos, los mancebos formaban una verdadera «ciudadanía», se convertían paulatinamente en «Estado ciudadano», ésta era la fuerza colectiva de la «Cosmografía tolteca».

Al cumplir los doce años de edad, los niños, quizás las niñas, se incorporaban a la fuerza de trabajo ciudadano que realizaba «obra pública»: barrer calles, hacer acequias, construir calzadas, reconstruir edificios colectivos, etc. Esta costumbre ancestral se conserva en diferentes lugares de la república con el nombre de tequio, macua o faena. Los niños de secundaria y preparatoria tendrían que retomar está sana formación ciudadana. Nuestra patria ganaría mucho.

En el pensar tolteca, esto significa que no hemos madurado nuestro Tezcatlipoca “espejo su esplender, espejo su emanar”, que es nuestro «arquetipo ético», ni tampoco nuestro Quetzalcóatl “gemelo precioso, gemelo potente”, nuestro «arquetipo genómico». Ambos «arquetipos» están en nuestro genoma, en el núcleo de cada una de nuestros 100 billones de células, esperando madurar, lo cual sólo puede ocurrir si nos proponemos que sí ocurra: es un acto soberano de nuestra voluntad.

Únicamente después de haber asumido un comportamiento ético permanente y después de haber descubierto nuestra pertenencia colectiva, y actuar cada día protegiendo a cada congénere con quienes nos toca convivir, estamos preparados para madurar nuestro tercer «arquetipo adulto», nuestro «arquetipo vocacional»: nuestro Huitzilopochtli 'seguidor del camino del colibrí'. 

Lo primero que hace falta es denunciar las mentiras que los emisarios de la muerte venidos de Roma con el falso nombre de "hermanos", esto significa la palabra fraile. Esta palabra, [fraile], es de origen occitano, Fraire 'hermano', a su vez proveniente del sustantivo latino frater, fratris 'hermano'.

Al estar imbuidos de pensar católico apostólico romano, que se sustenta en la «cosmo-percepción» indoeuropea, los "frailes" corrompieron nuestra «cosmo-percepción autóctona».

El caso de Huitzilopochtli “seguidor del camino del colibrí” es notable en cuanto a perversión de significado. 

Los demás pueblos europeos heredan las mentiras propaladas en castellano por los "frailes". Así, en inglés se le llama the sanguinary aztec god of war 'el sanguinario dios azteca de la guerra', lo cual encajaba "de maravilla" con su pensar indoeuropeo, en particular con el "dios" Marte de los romanos. Lo primero que hay que decir es que Huitzilopochtli 'seguidor del camino del colibrí' no es un Dios.

Los "dioses" fueron un invento, salido de la imaginación de los egipcios, quienes les dieron el nombre copto de neter 'Dios'. Este «invento imaginario» fue heredado por los pueblos indoeuropeos y traído a nuestra patria por los emisarios provenientes de Roma: los "frailes". Para los mexicanos del presente resulta ya urgente entender el significado tolteca de nuestro «arquetipo vocacional», como parte de nuestra identidad adulta, a fin de asumir plenamente nuestra «voluntad logradora».

El camino exitoso de los mexihtin 'mexis', ya convertidos en tenochcas, nos tiene que hacer ver que cada uno de quienes se encuentran a sí mismos tiene asegurado el camino para ser feliz, para vivir en abundancia, para construir un país con potencia vocacional de cada uno, económicamente fuerte, con opulencia colectiva, algo nunca visto en los Estados Unidos Mexicanos, pero que es parte de nuestra historia patria, la historia anterior a la invasión de los europeos de hace 500 años.

Una modesta y sentida mención al Maestro de Letras GABRIEL GARCIA MARQUEZ, quien falleció este 17 de abril, en la Cd de los Palacios México, hombre de convicción y valores, un Ciudadano del Mundo… Descanse en Paz.

CHOLULA NO TE OLVIDA…


HAGAMOS LA JORNADA.
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