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CHOLULA.- Desde hace 500 años los
pobladores de Anáhuac hemos sido tratados como extranjeros en nuestra patria,
los nacidos en el territorio nacional nos hemos resignado "cristianamente" a ser tratados como ajenos a los asuntos
nacionales de nuestro propio territorio. Los invasores venidos de tierras
extrañas "han hecho y
deshecho" en nuestro vivir social, en nuestro vivir político, en
nuestro vivir económico, en nuestro vivir familiar y en nuestro vivir
educativo. Nos hemos dejado mangonear por los extranjeros.
Resulta
fácil darse cuenta en qué momento de nuestra historia patria empezó este
mangoneo, no es muy difícil conocer en qué recodo del camino fue que
"perdimos la brújula": precisamente en el momento de concluir nuestro
Quinto Sol Tolteca. De acuerdo a nuestra cosmo-percepción tolteca, en ese gran
hito histórico, había llegado el momento de destruir todo lo visible. A los
invasores les correspondió realizar la tarea a la que convocó nuestro abuelo
Cuauhtémoc en un elocuente mensaje.
A nuestros
abuelos anahuacas les tocó ver cómo se destruía nuestro entorno original, cómo
emergía un nuevo entorno con apariencia europea.
A nuestros abuelos les correspondió construir,
bajo las órdenes de los recién llegados, todas las edificaciones que pensaron
invasores españoles: casas, edificios, iglesias, catedrales, conventos,
hospitales, escuelas, calles, puentes, caminos, todo cambió, todo dejó de ser
Anahuaca para volverse español, todo excepto los corazones de los anahuacas.
Resulta muy
difícil de imaginar siquiera el inmenso dolor de los anahuacas que vivieron
este proceso de destrucción del esfuerzo de tantos anahuacas a lo largo del Quinto Sol Tolteca, los 676 años de
trabajos fueron borrados de manera implacable, los invasores querían destruir
toda huella de nuestra civilización, la calificaron de demoníaca, de
equivocada, de ir en contra de "su Dios", las peores atrocidades
fueron cometidas siempre en el nombre de Dios".
Poco quedó
en pie, muy poco.
Así fue
generándose el sentimiento de derrota que caracteriza a los pobladores de
nuestra patria, llámense novohispanos o mexicanos. Vivimos en un país que no es
nuestro.
Nuestros
corazones viven arrimados en un entorno que es ajeno. Vivimos derrotados en
nuestra propia tierra madre. Nuestra autoestima anda por los suelos. Es más,
podemos decir que anda "debajo del suelo". Durante cerca de 500 años,
los pobladores del territorio de Anáhuac nacemos derrotados.
Como nacemos
derrotados, vivimos derrotados y morimos derrotados.
La depresión
es el sentimiento más frecuente en nosotros. Vivimos huyendo de nuestra
realidad personal, nuestro entorno nos resulta agobiante, buscamos todo tipo de
actividades escapistas.
Los jóvenes
viven transfugándose de su entorno, huyendo de cualquier compromiso, escapando
de su familia, de sus amigos, de sus compañeros, de sus vecinos. El sexo es un
aliviane de corta duración, nada es para siempre.
En la
antigua Anáhuac, cuando ingresaba un niño de cinco años se le nombraba un
«tutor» de seis años de edad, esta tutoría duraba los trece años que permanecía
el mancebo en el centro educativo. Al cumplir seis años, él mismo se convertía
en un «tutor», de un niño menor. Esto generaba una «pertenencia mutua» de por
vida. Al hacerse adultos, los mancebos formaban una verdadera «ciudadanía», se
convertían paulatinamente en «Estado ciudadano», ésta era la fuerza colectiva
de la «Cosmografía tolteca».
Al cumplir
los doce años de edad, los niños, quizás las niñas, se incorporaban a la fuerza
de trabajo ciudadano que realizaba «obra pública»: barrer calles, hacer
acequias, construir calzadas, reconstruir edificios colectivos, etc. Esta
costumbre ancestral se conserva en diferentes lugares de la república con el
nombre de tequio, macua o faena. Los niños de secundaria y preparatoria
tendrían que retomar está sana formación ciudadana. Nuestra patria ganaría
mucho.
En el pensar
tolteca, esto significa que no hemos madurado nuestro Tezcatlipoca “espejo su esplender, espejo su emanar”,
que es nuestro «arquetipo ético», ni tampoco nuestro Quetzalcóatl “gemelo precioso,
gemelo potente”, nuestro «arquetipo genómico». Ambos «arquetipos» están en
nuestro genoma, en el núcleo de cada una de nuestros 100 billones de células,
esperando madurar, lo cual sólo puede ocurrir si nos proponemos que sí ocurra:
es un acto soberano de nuestra voluntad.
Únicamente
después de haber asumido un comportamiento ético permanente y después de haber
descubierto nuestra pertenencia colectiva, y actuar cada día protegiendo a cada
congénere con quienes nos toca convivir, estamos preparados para madurar
nuestro tercer «arquetipo adulto», nuestro «arquetipo vocacional»: nuestro
Huitzilopochtli 'seguidor del camino del colibrí'.
Lo primero
que hace falta es denunciar las mentiras que los emisarios de la muerte venidos
de Roma con el falso nombre de "hermanos", esto significa la palabra
fraile. Esta palabra, [fraile], es de origen occitano, Fraire 'hermano', a su
vez proveniente del sustantivo latino frater, fratris 'hermano'.
Al estar
imbuidos de pensar católico apostólico romano, que se sustenta en la
«cosmo-percepción» indoeuropea, los "frailes" corrompieron nuestra
«cosmo-percepción autóctona».
El caso de
Huitzilopochtli “seguidor del camino del
colibrí” es notable en cuanto a perversión de significado.
Los demás
pueblos europeos heredan las mentiras propaladas en castellano por los
"frailes". Así, en inglés se le llama the sanguinary aztec god of war
'el sanguinario dios azteca de la guerra', lo cual encajaba "de
maravilla" con su pensar indoeuropeo, en particular con el
"dios" Marte de los romanos. Lo primero que hay que decir es que
Huitzilopochtli 'seguidor del camino del colibrí' no es un Dios.
Los
"dioses" fueron un invento, salido de la imaginación de los egipcios,
quienes les dieron el nombre copto de neter 'Dios'. Este «invento imaginario»
fue heredado por los pueblos indoeuropeos y traído a nuestra patria por los
emisarios provenientes de Roma: los "frailes". Para los mexicanos del
presente resulta ya urgente entender el significado tolteca de nuestro «arquetipo
vocacional», como parte de nuestra identidad adulta, a fin de asumir plenamente
nuestra «voluntad logradora».
El camino
exitoso de los mexihtin 'mexis', ya convertidos en tenochcas, nos tiene que
hacer ver que cada uno de quienes se encuentran a sí mismos tiene asegurado el
camino para ser feliz, para vivir en abundancia, para construir un país con
potencia vocacional de cada uno, económicamente fuerte, con opulencia
colectiva, algo nunca visto en los Estados Unidos Mexicanos, pero que es parte
de nuestra historia patria, la historia anterior a la invasión de los europeos
de hace 500 años.
Una modesta
y sentida mención al Maestro de Letras GABRIEL
GARCIA MARQUEZ, quien falleció este 17 de abril, en la Cd de los Palacios
México, hombre de convicción y valores, un Ciudadano del Mundo… Descanse en
Paz.
CHOLULA NO TE OLVIDA…
HAGAMOS LA JORNADA.

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