Por Andrés
ZACA NAYOTL
Filosofo
CHOLULA.- Lamentablemente esa ha sido
nuestra historia cultural donde no es fácil formar a un niño como “Persona”.
Para poder obtener buenos resultados a nivel de formación humana dentro de la
familia y crear una sociedad donde se respeten los derechos humanos, es
necesaria la siembra de valores en nuestros hijos y todos los miembros del
grupo familiar, los cuales solo se pueden cristalizar dentro de un estilo de
vida regulado por normas de disciplina amorosa donde estén contemplados:
Derechos, deberes, límites y sanciones. No podemos olvidar que nosotros solo
podemos interiorizar y convertir en un valor, aquellas enseñanzas y conceptos
morales que estructuramos en nuestra psiquis, y que posteriormente
cristalizamos en nuestra personalidad, a través de la práctica en nuestro diario
vivir.
Cuando la formación humana se realiza a nivel conceptual y alejada de
las vivencias del día a día, que son necesarias para la comprensión de la vida,
la persona se convierte en un ser superficial, teórico y contradictorio. Por
esa razón cuando un niño no tiene la suerte de ser formado dentro de unos
límites firmes y amorosos e intenta
poner en acción su forma de
pensar, sentir o sus habilidades para explorar su entorno y lo que recibe son
rechazos, castigos y descalificaciones que lo hacen sentir culpable e indigno
de reconocimiento, le estaremos sembrando en su mente la idea de que él no
sirve. Este tipo de formación es la traición más grande que un Padre o una
Madre puede hacerle a Dios, a su hijo y a sí mismo, dentro del rol de Padre o Madre formadores de vidas.
Si reflexionamos bien sobre lo que hemos
tratado hasta este momento, podemos ratificar la afirmación de que todos los
males de nuestra sociedad, se siembran en casa.
Hay un
factor que es determinante para lograr relaciones familiares armoniosas y es el
modelo de comportamiento entre Papá y Mamá, el cual debe estar revestido de
respeto, amor, solidaridad, responsabilidad y unión en sus propósitos, ya que
los niños tenderán a identificarse con este modelo y el estilo de vida, que tendrán
a su disposición. La calidad del amor, del respeto y la fuerza de unión que
exista en la pareja, será la misma fuerza de unión que existirá entre los
hermanos y entre Padres e hijos. En este momento te invito a revisar como fue y
es actualmente, la relación con tus hermanos, tu estilo de relación como pareja
y compárala con lo que fue la relación de tus Padres.
Fíjate si la relación de
ellos fue cercana o distante emocionalmente, si existían muestras de cariño o
fue fría e indiferente, aunque permanecieran juntos. De esta manera tendrás un
claro panorama, de cómo son tus relaciones personales con tus hermanos, pareja
e hijos. Entonces, si nuestra aspiración como Padres es ver en nuestros hijos
comportamientos adecuados, primero que nada, debemos revisar la calidad y el
modelo de relación que les estamos mostrando. Si no existe concordancia entre
lo que decimos, exigimos y lo que hacemos, jamás habrá acuerdos y resultados
positivos a largo plazo, y los posibles acuerdos que se logren bajo este estilo
de vida, dependerán de la conveniencia de cada quien y del momento. Pero nunca
existirá paz emocional, honestidad y amor real en las relaciones.
Te propongo a
ti Papá y Mamá, revisar con mucha
honestidad, cómo está la relación entre ustedes; que les están mostrando y
exigiendo a sus hijos. Si en esa revisión no encuentran muchas cosas buenas,
acepten la realidad, busquen ayuda especializada y superen lo que haya que
superar, porque el peor espectáculo que se le puede mostrar a los hijos, es una
mala relación de Papá-Mamá donde exista: Deshonestidad, irrespeto, desamor,
agresividad, mentiras, infidelidades, irresponsabilidad y deslealtad.

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