(Segunda parte)
Por Andrés
ZACA NAYOTL
Teólogo
CHOLULA.- Cuestión social: “se entiende
que la reconciliación debe manifestarse y realizarse en la vida, debe Mostar
sus repercusiones sociales y políticas. Pero no se entiende qué aporta el
sacramento a esta reconciliación real. No se relaciona de modo suficiente la
penitencia con la justicia, con la restitución y reparación de los males
cometidos contra el prójimo. La confesión parece reducirse a evasión. La
transformación social parece quedarse en una excusación personal. “¿De qué
sirve confesarse, si las cosas siguen como están? ¿Qué sentido tiene la
reconciliación sacramental, si no va acompañada de la reconciliación real?”
Cuestión
referente: “los personajes de referencia del sacramento: Dios, Iglesia,
ministro, sujeto penitente, son comprendidos de nueva forma, y no siempre se
entiende su puesto en el sacramento. Si Dios es misericordia y bueno, más que
juez, ¿no nos perdona ya fuera del sacramento? Si el sacerdote ya no es la
persona sacra, sino “un hombre como los demás”, ¿por qué necesito confesarme a
él? Si el pecador debe convertirse en la vida y reconciliarse con los demás,
¿qué añade el sacramento?”
Cuestión
sobre el ministro: “la encuesta sobre el clero es un claro índice de la
decadencia de este sacramento. Entre los sacerdotes hay un 20 por 100 (31 por 100
entre los más jóvenes) a quienes los ritos sacramentales, en general no les
dicen nada, ni les sirve para expresar su religiosidad personal. Lo cierto, que
hay menos personas que se confiesan”
Las
confesiones escudriñadoras: Lo cierto, es que es un problema cuando “las
confesiones se vuelven escudriñadoras resultan demasiado molestas para los
penitentes. No se sabe dónde acaba el derecho, cuándo debe frenar la prudencia
o en qué momento empieza la curiosidad”.
Y es que muchos confesores sufre este problema de meterse en cosas que
ya no le incumbe, y pues el penitente se incomoda ante tal situación. Por tanto
evita la confesión.
El
sacramento reducido a un simple rito: uno de los problemas más graves de
sacramento es que lo hemos convertido en un simple rito, “algo exterior al
hombre, que es necesario realizar, siempre que se peca”. Y es que el sacramento
lo consideramos como una práctica ritual que nos libera del pecado. Pero hay
que tener en cuenta que la confesión es un signo de una sincera actitud de
conversión.
Ver
solamente el sacramento como algo individual: es importante tener en cuenta que
el sacramento de la penitencia es una vivencia. “Me refiero a la concepción
individualista y privatizada del mismo. La celebración privada de la penitencia
ha ayudado a arraigar esta experiencia del pecado como algo que acontecía sólo
en el fuero interno y que interesaba al individuo y a Dios. ¿Cómo buscar sitio
para la creciente conciencia del llamado pecado colectivo? ¿Cómo descubrir que
la acción entendida como individual lleva en sí misma una repercusión social y
comunitaria?” El sacramento de la Penitencia ha de abrirse a esta perspectiva,
que implica entrar dentro de la comunidad. Para que el sacramento viva y
florezca. Ya que el individualismo provoca que vaya muriendo o se extinga el
sacramento.

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