Túmbale en
su mantita boca abajo, coloca ante él un juguete que le guste mucho y ayúdale a
alcanzarlo reptando. Este ejercicio le incita a mover las dos partes del
cuerpo, lo que facilita la coordinación de los dos hemisferios cerebrales. Si
lo practica todos los días un rato, es más probable que gatee.
Pon a tu
bebé tumbado boca arriba y tira de sus manitas suavemente para que se
incorpore. Si repites este movimiento varias veces, le fortalecerás la columna
vertebral y los músculos de la espalda y le será menos complicado aprender a
sentarse.
¡Buenos
días, pequeñín! Trotar despacio sobre tus rodillas al ritmo de tus canciones le
hará recibir el día con alegría y le ayudará a interiorizar la entonación de
tus frases a través del movimiento, lo que le facilitará la adquisición del
lenguaje.
Cuando acaba
la jornada, para que concilie el sueño enseguida, no hay nada más eficaz que el
masaje facial. Con las yemas de tus dedos puedes realizarle pequeños círculos
sobre la frente, desde el centro hacia las sienes. Para terminar, utilizando la
yema de tu dedo índice, haz unas pasadas rectas descendiendo desde el entrecejo
hasta la punta de la nariz, despacito y sin apretar, y repite varias veces. Los
ojitos se le cerrarán.
Que le dediques
palabras cariñosas al oído también le relajará mucho. Y es que tus susurros
mientras le meces (apoya su cabeza en tu pecho izquierdo, donde late tu
corazón) le ayudan a recordar su vida intrauterina, en la que se sentía
plenamente feliz mecido por tus movimientos y arropado por tu voz.
Es natural
que le cueste quedarse solo y a oscuras en su dormitorio. Para que afronte
mejor este momento, dale un pañuelo impregnado con tu olor, para que te sienta
más cerca. Y que sea azul clarito o verde manzana: estos tonos, según los
expertos en cromoterapia, son relajantes.






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