* Kikiriki,
ese era el gallo; se fue un personaje cholulteca
* Su forma
de ser le permitió alcanzar lo que deseaba
* Además de panadero, fue torero,
basquetbolista, charro, y más
Por Epigmenio
ROJAS CASTRO
CHOLULA.- A la edad de 71 años, un
cholulteca que al paso de los años se convirtió en todo u personaje de la
historia en el municipio, dejó de existir el pasado 16 de diciembre faltando
unos minutos para las 2 de la mañana. El famoso –Kikiriki- emulando el canto
del gallo se apagó por completo, dejando así de sufrir por el mal que le
aquejaba, rodeado de sus seres queridos, quienes fueron avisando a familiares y
amigos, del deceso.
Conforme se
fue conociendo la noticia, se le empezó a recordar al famoso “Perico”, como se
le conocía desde niño, se recordaba su manera de ser, alegre, dicharachero,
bromista, en fin tal y como fue, llegando a ocupar un lugar especial en la
sociedad cholulteca, en esta ocasión le brindamos un reconocimiento recordando
precisamente algunas de sus anécdotas, muchas de las cuales nos las platico al
ser entrevistado para el espacio llamado “Cholula de mis Recuerdos”, que tenía
Quetzal, Verdad sin Compromiso.
…en torno a
una mesa, en una fiesta, un grupo de amigos platicaban de temas diversos, entre
ellos el famoso “Perico”, quien parecía no cansarse de comentar anécdotas de su
vida, en bromear a “costilla” de sus amigos, presentes o ausentes, de contar
algún chiste, de mostrar los calendarios, que a algunos llegaban a espantar,
eran de ciertas damas…, o bien entrar a una plática seria, lo cual resultaba
ser más que difícil, porque de momento llegaba la ocurrencia o el comentario
sobre algún político.
Así se le
recuerda a “Perico” Roldán, como se le recuerda cuando de joven, era aficionado
del basquetbol, deporte que empezó a practicar desde muy chico, teniendo
ciertas cualidades y habilidades para el deporte ráfaga, las cuales le
permitieron ser parte del equipo de la ciudad, y de ahí ser seleccionado
estatal y nacional. Desde aquellos años, sus bromas le empezaron a ser
apreciado por sus amigos, aunque esas mismas bromas le causaron dolores de
cabeza a sus padres, Don Joaquín Roldán y doña Felicitas Fuentes; como él mismo
lo comentó, porque del CELMA, apenas a unas horas de haber ingresado en el
nivel secundaria, llamaron al papá y le pidieron que se lo llevara, por lo cual
continúo sus estudios en la ciudad de Puebla.
“Perico”
Roldán, llegó a un encuentro nacional, en Chihuahua, nos comentó –Estaba
nervioso, el gimnasio llenó, todos contra los poblanos, mis compañeros
reflejaban también el nerviosismo, jugaríamos contra los de casa, era el
partido inaugural. Empezamos a calentar, a hacer entradas hacia el aro, y nos
llamó el entrenador, nos acercamos a la banca y vi que un hombre de baja
estatura, chaparro, pelón y orejón se diría al centro de la cancha, vino a mi
mente, el señor Paredes, y salí corriendo hacia él, lo brinque, como lo hacía
sobre el señor Paredes; se me vinieron encima 3 sujetos, madre mía, que pasa,
me preguntaba, la ovación era tremenda en el gimnasio, aplausos, porras, no
entendía que pasaba. El chaparro pelón, dijo me dejaran, vio hacia todos lados
y me preguntó ¿Sabes quién soy jovencito? Sonreí, no sé si de nervios o de
burla y dije –no-, me respondió con cierta sonrisa, -Soy el gobernador,
jovencito, ahora vete a jugar-.
Así como esa
muchas anécdotas, cientos quizá, contadas muy a su estilo. Recordó en alguna
ocasión cuando la hizo de torero, no se le creía y empezó a narrar, -Por mi
madrecita santa, levantando la vista y besando la cruz formada por sus dedos, fue
en San Andrés, en su feria, andaban buscando torero, y me dije, yo puedo, y le
entramos. Mi pariente “El Bicho” Roldán, fue mi ayudante. Te imaginas, salí de
la panadería con mi traje de luces, no me acuerdo de donde lo saque, y ahí
íbamos caminando hasta San Andrés, y ya te imaginaras, las burlas de todos, y
la respuesta no se hacia esperar. Partimos plaza, no hombre, en verdad nos
sentíamos toreros, hasta que vimos a los toros, y a correr-.
Fue tan
versátil en su vida, que llegó a participar, en algunas películas, las que se
filmaron en la ciudad, como La Pintada, en la cual junto con su grupo de amigos
inseparables, Roberto, Evodio, y otros, la hicieron de extras, en una cantina
protagonizaron una pelea, que primero como buenos amigos, solo macaban los
golpes, el director les pidió realismo, y lo hicieron con tal realismo, que
tras grabar la toma, los tuvieron que entrar a separar, porque ya se estaban
pegando en serio.
Ni los
sacerdotes se salvaban de sus bromas, de sus comentarios, los decía y hacía de
tal manera, que era casi imposible el enojarse o molestarse, la risa siempre le
ganaba al blanco de su broma, y es que era fino para decirlas y aplicarlas.
Los
políticos no se salvaban de su buen humor, ya fueran del municipio, del estado
e incluso a nivel nacional. Iniciaba lanzando el famoso –kikikiri-, emulando el
canto del gallo, y la frase –Ese es mi gallo-, la risa de todos se dejaba
escuchar, porque buscaba el momento más indicado para él, para lanzar el grito
de la batalla política.
Fue hijo de
un presidente municipal, tío de la primera presidenta municipal, padre de una
diputada suplente por dos ocasiones; él no se postuló para ningún cargo, pero
lo invitaban a ir a las campañas, a eventos políticos, se fue convirtiendo en
una pieza clave en los eventos.
Sus
andanzas, con sus compadres como les decía a Roberto Jiménez, Evodio López,
Polo Jiménez, las combinaba con su actividad laboral, la panadería, en la
convivencia cotidiana con los panaderos, aprendió el buen albur, a contestar
siempre con dichos y bromas. La fama de La Blanca, la supo aprovechar para
llevar su tradicionales y especiales panes como las hojaldras o bien las roscas
de reyes, más allá de las fronteras estatales, a Los Pinos, de donde cada año
le hacían importantes pedidos. En algunas ocasiones lo llegaron a entrevistar
en Televisa, a donde también llevó a probar las roscas de reyes, y hasta a
Roma, llegó a mandar ese pan de temporada.
Se codeo con
artistas de fama nacional o internacional, como Rafael Cedeño, que era el
prototipo del charro mexicano, alto, fornido, bigotón, todo un “macho”, con
quien se fue de parranda, llegaron a Chipilo, y lo presentaron como artista,
pero como lo conocían los chipileños le gritaban desde las gradas, porque
estaban en un palenque –ese no es artista, ese es panaderi-. Al paso de un rato
y al calor de las copas, horrible descubrimiento, al artista famoso, se le
hacia agua la canoa, y a correr, para salvar el
pellejo.
Vestía si la
ocasión así lo ameritaba su traje de charro, le gustaba la charrería, llegó a
tener caballos y salía a pasear en ellos, aprovechando que el vestuario captaba
la mirada de las damas, para poder enviarles algunos versos, una sonrisa y si
se podía algo más, siempre dentro de un marco de respeto, pero que le
funcionaba con el sexo débil.
Así, se
podrían llenar páginas y páginas de tantas anécdotas que platicó, de momentos
que se vivieron con el amigo, con quien decidió hacer publicidad de su
panadería en la 7 Sur y la 7 Oriente, poniendo la frase de –Donde mejor las
dan, con Perico Roldán-, en paz descanse el amigo de miles de cholultecas.


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