* Conocer a Cristo significa
seguirlo, pero antes necesitamos conocer el camino para poder llegar a él
Por Andrés ZACA NAYOTL
Teólogo
CHOLULA.- El
comienzo de este camino comienza con su pasión, su muerte y su resurrección.
Jesucristo ha vencido a la muerte para darnos una vida nueva; es el momento en
que se da la consumación de la Nueva Alianza entre nuestro Padre Dios y los
hombres; es el momento de la reconciliación entre el Creador con su criatura. Es el grandioso encuentro definitivo ente
Dios y el hombre. Por tal razón, es que en este camino se nos invita
insistentemente a prepararnos para vivir este acontecimiento salvador.
Que
este peregrinar hacia cristo sea un tiempo en donde nuestra preparación todo lo
incluya, todo se tome en cuenta; donde nada se quede en el olvido, porque el
acontecimiento que vamos a vivir y celebrar, así lo requiere y lo exige. Si la
Pascua, es el paso de la muerte a la vida nueva en Cristo, entonces no podemos
recibir esta nueva vida en moldes viejos, en esquemas corrompidos, en formas
antiguas, en estructuras corrompidas, pues que el vino nuevo necesita de odres
nuevos.
No se trata, solo entonces, del cumplimiento de ciertas prácticas
disciplinarias, como el ayuno, la abstinencia o la penitencia, sino de buscar
como objetivo primordial, la renovación de nuestra vida toda. Es decir, cambiar
constantemente nuestra maldad en bondad, nuestra vida servil en libertad, gozo
y paz. Es purificar nuestra vida a ejemplo de los grandes amigos de Dios, como
Noé, que después de 40 días del diluvio, sella una alianza con Yahveh (Gn
7,4.17); como Moisés, que durante 40 días
se purificó para establecer la Alianza con el Señor (Ex 34,28; Dt
9,9–10); como Elías, que por 40 días camino para encontrarse con el Señor, Dios
de los ejércitos (1 Re 19,8). O como los Apóstoles, que a lo largo de 40 días
los asistió el Señor Jesús, para ser testigos de la gloriosa Ascensión. Todos
los grandes amigos de Dios, se preparan total e íntegramente para encontrarse
con Él y quedar transformados. Que este camino hacia Cristo sea renovación,
purificación, conversión. Y todo esto para poder celebrar y aceptar los
compromisos de la Alianza Nueva y Eterna realizada en la muerte y resurrección
de Cristo, nuestro Cordero Pascual.
Emprender el camino hacia Cristo
significa tomar tu Cruz. En el evangelio de Lucas nos relata en el capítulo
9,22-25 lo siguiente: “En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: "El Hijo
del hombre tiene que padecer mucho, ser desechado por los ancianos, sumos
sacerdotes y escribas, ser ejecutado y resucitar al tercer día." Y,
dirigiéndose a todos, dijo: "El que quiera seguirme, que se niegue a sí
mismo, cargue con su cruz cada día y se venga conmigo. Pues el que quiera
salvar su vida la perderá; pero el que pierda su vida por mi causa la salvará.
¿De qué le sirve a uno ganar el mundo entero si se pierde o se perjudica a sí
mismo?"
No es fácil lo que nos pide
Jesús, pero este pasaje bíblico, contiene el enunciado de las condiciones para
seguir a Jesús por el nuevo camino que se prepara a recorrer. Jesús maestro no
se ha limitado a mostrar la necesidad salvadora de sus propios sufrimientos; he
preparado también a los discípulos para aceptar de la misma forma una vida de
pruebas.
Los verbos renunciar, cargar con
la cruz, seguir a Jesús, son sinónimos. Designan, cada uno a su manera, en qué
consiste lo esencial de la vida cristiana. Jesús está destinado al escarnio de
la cruz, y advierte a los suyos que no podrán sustraerse a esa misma suerte si
siguen siendo fieles a su enseñanza. Por consiguiente, hay que renunciar a toda
seguridad personal y aceptar los consejos del Maestro. En este sentido, salvar
su vida equivale a abandonar a Jesús, pues quien la pierda la vida por Jesús
vivirá para siempre. Por eso, hemos de portar nuestra cruz para morir y vivir
con él.

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