Primera
Parte
CHOLULA.- Sin embargo para nosotros,
como para el Vaticano II, Jesús es el revelador a la vez de Dios y del ser
humano, de los designios de Dios y del destino de la historia, ya que revela
que los seres humanos estamos destinados a ser en él hijos de Dios, es decir
que revela a Dios como Padre y el destino de la historia trascenderse en la
misma comunidad divina. Si a Dios nadie lo ha visto jamás y es Jesús el que nos
lo ha revelado; si nadie sabe lo que hay en el ser humano y es Jesús el que nos
lo ha mostrado; si el camino de la vida es una senda incierta que parece
perderse en la muerte y él como camino nos ha mostrado la senda de la vida, sólo
desde la vida de Jesús puede llegarse realmente a Dios relacionándose con él
como hijos, sólo desde ella, es decir siguiéndolo, puede la humanidad
constituirse en humana.
Éste fue el
convencimiento que llevó a la segunda generación de cristianos, que no había
conocido a Jesús, a componer los evangelios a partir del testimonio de los que
habían estado con él desde que Juan predicaba en el desierto, a los que se
había dejado ver resucitado. Así pues para nosotros los evangelios son textos
fehacientes en los que, desde la vida de Jesús, nos revela Dios tanto el
designio que tiene sobre la humanidad y el modo de realizarse ese designio,
como quién es él mismo que se nos entrega en Jesús, y quiénes somos los seres
humanos desde el designio de Dios, y el camino para llegar a constituirnos en
humanos, que no es otro que el propio Jesús, arquetipo de humanidad. Todo esto
se les desveló progresivamente a los discípulos tras la Pascua. A esa luz,
desde esa participación del Espíritu de Jesús de Nazaret y de su misión,
releyeron la vida de Jesús de la que habían formado parte como discípulos, y la
fueron plasmando en lo que tenía de paradigmático, a partir de las situaciones
en las que se encontraban las comunidades y la misión y tomando en cuenta la
cultura de los destinatarios.
Los
evangelios no pretenden, pues, componer lo que modernamente llamamos biografías
de Jesús. No es el interés historiográfico o la mera simpatía por el personaje
lo que los llevó a componer su historia. Rescatan su historia en cuanto la sienten
actual, viva, interpelante para ellos. Ésta es la episteme de los evangelios:
la fe en Jesús resucitado como fuente de vida para las comunidades y el
convencimiento de que también es fuente de vida para todos los seres humanos
lleva a rescatar la historia de Jesús, porque ella, es decir lo que Jesús ha
llegado a ser a través de ella, es el camino que conduce a la vida. Toda
empresa historiográfica es una construcción del historiador en base a los
materiales que posee, al conocimiento que tiene del contexto y a su método y
capacidad de comprensión, pero todo eso desde la particular inserción del
historiador en su propia cultura y
tiempo.
0 comentarios:
Publicar un comentario