Vista desde el Cerro.
Existe un
cerro cerca de Cholula, rumbo a Zacatepec, al que la gente llama El Cerro
Zapotecas, todos los pueblos de la comarca cuentan que ahí se hacen pactos con
el maligno para que les de dinero. Incluso, cuando alguien manifiesta que no
tiene dinero los demás le contestan:
Cuenta la
leyenda que un hombre andaba muy preocupado porque tenía que hacer una
mayordomía en su pueblo y solo faltaba un mes y no tenía el dinero suficiente
para llevar a cabo su compromiso. Así que, decidió solicitar un préstamo entre
sus conocidos y compadres, pero como la temporada de siembra había sido mala
todos le negaron la ayuda, hasta su compadre le dijo que también necesitaba
dinero y que lo había pensado muy bien que había decidido ir al cerro Zapotecas
para salir de pobre a rico Triste y preocupado, pensaba en los gastos que tenía
que hacer para salir de su apuro, comprar las flores, contratar a la banda de
música, los cohetes y los toritos, la bebida para los asistentes ya sea
refresco, cerveza o pulque y el mole, para ello debería sacrificar muchas
gallinas, pavos, algunos marranos y él sin dinero y los que le podrían haber
ayudado, por la crisis económica, no podían ayudarlo y lo atontaron más.
El sueño se
había ido de sus ojos, en las noches solamente daba vueltas en la cama pensando
en cómo solucionar su problema, ya tenía una semana que su compadre le había
sugerido ir al cerro de zapotecas, pero no lo había visto, quizás se había ido
a trabajar fueras. Los días pasaban sin misericordia para el pobre amigo, hasta
que después de pensarlo mucho y consultar con la almohada, la única alternativa
era ir a pedir dinero al cerro del zapotecas, esperaría todavía que llegara la
noche y encaminaría sus pasos para encontrarse con su solución. Ese día trataba
de no pensar mas en el asunto, si no sabía que le entraría el miedo y lo haría
desistir de su resolución, por lo que trato de distraerse en las labores del
campo y no pensar más en su problema. Llego la noche, aproximadamente eran las
once de la noche, agarro su chamarra y salio sin dar explicaciones a su
familia, camino por las calles y provoco el ladrido de los perros que se oían a
lo lejos, el viento soplaba haciendo mas frió el sudor que brotaba de su cara,
comenzó a veredear y a subir el cerro, a cada paso que daba sentía el rigor de
la subida y comenzó a respirar mas aprisa y solo oía el acelerado latir de su
corazón, hasta se quito su chamarra y solamente se detenía para respirar hondo
para alimentar su determinación y seguir cuesta arriba. Allá a lo lejos se
veían en su pueblo, las pocas luces que todavía mantenían con vida las casas,
no había estrellas y cuando estaba a punto de llegar a la cima, pensó en
regresar, pero pensó:
- Ya 'toy
mas pa`ca que pa`ya.
Y justo
cuando iba a seguir caminando, oyó una voz que le dijo:
- Me dijo tu
compadre que me andabas buscando, ¿no? No es necesario que me lo expliques, ya
sé cuál es tu problema y te voy a ayudar; solamente que tienes que pensar de
quién es el alma de tu familia que me vas a dar. Te voy a dar unos segundos
para que lo pienses; ahorita regreso para firmar el pacto con sangre.
La sombra
obscura de lo que parecía ser un caporal con su gabán y su sombrero,
desapareció por entre los árboles y ahí quedó nuestro amigo solo no con un
problema, sino con dos y antes de que pudiera pensar en la respuesta comenzó a
escuchar unos quejidos muy lastimeros. Pensó quién podría ser, alguna persona
que necesita ayuda. Al buscar entre los árboles, descubrió una enorme casa, más
bien dicho una hacienda y se encaminó hacia donde se escuchaban los quejidos.
Entró por el
portón y grande fue su sorpresa al ver muchos hombres colgados de las manos y
amarrados de los pies a los que se veía que los habían azotado cruelmente.
Algunos de ellos ya no se movían, pero entre todos ellos reconoció a su
compadre y corrió hacia él y antes de que pudiera hablarle, su compadre le dijo
con voz cansada y quejumbrosa.
-
Compadrito, ¿qué haces aquí? Lárgate, vete, antes de que regrese aquél. Sálvate,
sal de aquí y no voltees la cara. Anda, ¿qué esperas? No lo pienses más, a mi
ya me llevó la ... Y sin pensarlo salio corriendo de la imaginaria hacienda, le
daba lástima escuchar los quejidos que se oían cada ves mas tristes pidiendo
ayuda, pero todavía maldijo a las piedras del camino que no lo dejaban escapar
tan rápido como hubiera querido, las ramas de los árboles también lo trataban
de detener y sus pies se movieron con la rapidez de su respiración, de sus
latidos, todavía resonaban las palabras de su compadre que le decía, vete y no
voltees la cara. Llego a su pueblo serían la una de la mañana, no sabia, pero
solamente los ladridos de los perros lo acompañaron por las calles solitarias
así fue como regreso a su casa y se metió a su cama, su esposa solamente se
volteó para seguir durmiendo y no supo nuestro amigo, ni cuando lo pesco el
sueño. Al amanecer, lo que había vivido la noche anterior, lo tenia absorto en
sus cavilaciones y de vez en cuando se acordaba del problema de la mayordomía,
hasta que la solución le vino de inmediato.
- Voy a
vender dos vacas y con eso voy a hacer una fiesta sencilla, lo importante es
cumplir con el Santo Patrón. Aun no había de pensar en su solución, cuando oyó
un grito que decía: ¡burros, vacas, becerros que vendan! Milagrosamente le
llegaba la solución a su problema, salio corriendo y le chillo a los de la
camioneta. Al momento oyó en la iglesia que estaban dando doble. Arregló la
venta de sus animales, le pagaron buen precio y se encamino a la iglesia para
comenzar con los preparativos de la fiesta.
Cuando vio
un grupo de gente que se arremolinaba junto a una carreta y le dijeron:
- ya vites,
trajeron a tu compadre, lo encontraron muerto, arriba del cerro del
Zapotecas...
Cuando se
abrió paso por la gente, pudo ver a su compadre, amarrado de pies y manos
sangrando. Pero lo más curioso es que llevaba puesta la chamarra de nuestro
amigo.
0 comentarios:
Publicar un comentario